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Categoría: Bioética

La Bioética en el cine: Una experiencia enriquecedora
La Bioética en el cine: Una experiencia enriquecedora

La bioética está en todos los aspectos de la vida. Una experiencia que nos puede ayudar a entender los dilemas que se presentan en la vida es el Cine.

Algunas películas se vislumbran como instrumentos que nos hacen preguntarnos sobre los porqués de la vida, del existir, de la muerte, de la enfermedad, el sentido del sufrimiento, del bien actuar, y también nos llevan a las respuestas a estas cuestiones que nos pueden surgir en distintos momentos de nuestras vidas, respuestas a eternos interrogantes…

Se exige elegir películas en las que se unan las ideas y los sentimientos, es decir, obras en las que el espectador experimente una profunda conmoción, que al verla tome conciencia de que los seres humanos tenemos la capacidad de sacar lo mejor de nosotros mismos en cada situación que se nos presente.

Existen innumerables películas que conllevan temas bioéticos pero aquí solo comentaremos algunas de ellas que nos harán reflexionar acerca de varios temas.

“October Baby” es una historia de una vida que casi no llegó a serlo. Se trata de la vida de una joven de 19 años que se entera es adoptada después de ser rechazada por su madre biológica tras un aborto fallido. La chica emprende un viaje en búsqueda de razones y el perdón. Esta película transmite el mensaje de que la cada vida es hermosa y no hay razones para interrumpirla, así como de la importancia de saber perdonar.

Sobre el sentido del dolor tenemos “Tierras de Penumbra”, conmovedora historia de un famoso escritor y profesor de literatura en la Universidad de Oxford que se enamora de una de sus admiradoras la cual sufre de una enfermedad terminal. Esta película nos muestra al dolor como un triste aprendizaje vital, como una consecuencia que no se puede eludir, también nos enseña lo fugaz que es nuestra existencia, el amor a través del sufrimiento y el sentido que éste tiene.

Sobre la objeción de conciencia “Un hombre para la eternidad” narra la historia de Tomás Moro, canciller de Enrique VIII, un abogado con creencias religiosas muy firmes quien se encuentra en el dilema de actuar siendo fiel a sus ideas o en contra de ellas apoyando a un rey autoritario y corrupto. Condenado a muerte por alta traición por no prestar juramento contra del Papa en el proceso del surgimiento de la Iglesia Anglicana.

“La memoria de los muertos” es un film de ciencia ficción que toca el tema del derecho a la intimidad pues se implantan chips cerebrales con el fin de grabar toda la vida de las personas. La información es recogida tras la muerte del portador y es editada para realizar un video que muestra solo los mejores momentos de su vida para honrarlo en su funeral. Esta película nos hace reflexionar acerca de ese derecho que todos tenemos a mantener , o no, nuestra privacidad.

La película por excelencia sobre el tema de la eutanasia es “Mar adentro”, que recoge el caso de la vida del marinero Ramon Sampedro que desde los 25 años está condenado a vivir inmóvil en una cama debido a un accidente. El protagonista reclama su derecho a una muerte digna por lo que inicia una lucha en los tribunales y publica un libro defendiendo la eutanasia. Con la ayuda de unos amigos anónimos logra ingerir una dosis de cianuro y hace que se filme el momento de su muerte para que quede testimonio de su batalla. Ramón consideraba que vivir era un derecho no una obligación como lo fue para él soportar su dolorosa situación durante más de 29 años. Sin duda una película que nos hará reflexionar y mucho.

Y una película futurista que habla sobre la manipulación genética es “Gattaca: Experimento genético”. Los padres deciden tener hijos con la ayuda de la ingeniería genética para que tengan más salud e inteligencia y tener mejores oportunidades de éxito en la vida. El film cuenta la historia de un niño que nace de forma natural y debe competir con los niños que recibieron ayuda genética. Para poder sobresalir toma prestada la identidad de otra persona genéticamente modificada. Gattaca ofrece un escenario donde la manipulación genética cumple con el sueño ideal de una raza mejorada pero provoca una discriminación entre los que nacen con modificación genética y los que nacen en forma natural quienes debido a su condición tienen que ocupar subempleos. Esta película nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿Es ético hacer esta manipulación en los genes de una persona? ¿No se estaría jugando a ser dioses decidiendo qué características debe tener un ser humano para poder sobresalir?

Para concluir resta decir que una película debe ser no solo un bien artístico y literario sino también un bien ético. El cine es una de las experiencias más influyentes y enriquecedoras para los espectadores. Como podemos ver, en las películas se reproducen vívidamente situaciones de la vida y dilemas éticos por lo que éstas se convierten en vehículos ideales para adentrarnos en el conocimiento bioético.

Autor: Dora García Fernández

A favor de la mujer, contra el aborto
A favor de la mujer, contra el aborto

La mujer necesita ser defendida de cualquier tipo de violencia. Nadie debe insultar, despreciar, marginar, perseguir, dañar físicamente a las mujeres. Nadie debe negar el acceso de la mujer al mundo de la cultura, del trabajo, de la política, de la ciencia. Nadie debe caer en actitudes de desprecio hacia ninguna mujer por ser mujer.

La mujer tiene un derecho básico a la vida, que sostiene y permite la existencia de los demás derechos. Por eso, nadie puede realizar ningún acto que implique herir, mutilar, asesinar a las mujeres.

Precisamente por eso, no existe derecho alguno al aborto. Porque en el aborto es eliminado, es asesinado, un hijo en el seno de su madre. Y porque de cada 100 abortos, el 50% (a veces más del 50%) son mujeres en la primera etapa de su existencia humana.

Sabemos que hay estados, como en La India o en China, en los que son eliminadas miles y miles de hijas antes de nacer, simplemente por el hecho de ser mujeres. Lo cual implica una discriminación enorme y una injusticia contra la que no puede dejar de protestar ningún movimiento que sea auténticamente “feminista”.

Pero también sabemos que en otros países, considerados “libres” y “democráticos”, se cometen millones de abortos en los que son asesinados embriones masculinos y femeninos, hijos e hijas.

Necesitamos recordar que ser mujer no es algo que inicia con el parto. Ser mujer inicia con la concepción. La defensa de la mujer y de sus derechos, por lo tanto, ha de aplicarse a la fase prenatal, debe llegar a la promoción y defensa del derecho a la vida de cada mujer en los meses en que se desarrolla hasta llegar al día del parto.

Estar a favor de las mujeres implica estar en contra del aborto. Cualquier grupo que defienda el mal llamado derecho al aborto promueve, simplemente, una discriminación y una injusticia contra la mujer (también contra el varón: no podemos callar ante los abortos que eliminan a millones de embriones y fetos masculinos).

Defender la vida de los embriones humanos, masculinos y femeninos, nos lleva a implementar políticas eficaces a favor de las millones de madres que no abortarían si hubieran sido ayudadas y acompañadas a lo largo de los meses de embarazo.

Es posible, es urgente, cambiar una tendencia mundial que ha presentado el aborto como “derecho” y ha olvidado que se trata de un “delito”.

Es posible, es urgente, promover una cultura de la solidaridad, de la justicia, del amor, donde cualquier mujer sea respetada y amada desde su concepción hasta la llegada de la hora de su muerte. Lo merece simplemente en cuanto ser humano, y ello es suficiente para que la miremos y la protejamos con eficaces instrumentos de asistencia jurídica, médica, social y, sobre todo, con mucho amor.

Fernando Pascual.

Mujer, derechos humanos y aborto.
Mujer, derechos humanos y aborto.

Los derechos humanos tienen su raíz y fundamento en la naturaleza humana. Basta con existir como hombre, como mujer, para que los derechos básicos de cada uno deban ser garantizados y tutelados por la sociedad.

Algunos, sin embargo, buscan caminos para manipular los derechos humanos. Sobre todo cuando piden que se garantice el “derecho” de la mujer a un aborto seguro y legal.

La simple definición del aborto nos hace ver que no puede ser visto nunca como un derecho humano.

¿Qué es el aborto? Es la eliminación de una vida humana en el seno materno. En otras palabras, es la supresión de una existencia que, en cuanto humana, merece ser protegida y tutelada.

Por eso se hace necesario un esfuerzo eficaz y continuo para que se garantice el derecho a la vida de los hijos antes de nacer. Muchos de esos hijos, vale la pena recordarlo, son mujeres. No tiene sentido decir que el aborto sería un derecho de la mujer cuando en realidad millones y millones de mujeres mueren, son asesinadas en el seno materno, por culpa del aborto.

Vale la pena cualquier esfuerzo cultural, social y político para que se respeten íntegramente los derechos humanos como fuente de justicia y como promoción de una convivencia humana solidaria y auténticamente respetuosa de todos.

Vale la pena, sobre todo, garantizar la protección y asistencia a las madres y a sus hijos, para que ninguna mujer sea obligada o presionada a abortar, para que el embarazo y el parto cuenten siempre con una buena asistencia sanitaria y social.

Retos de la bioética, A modo de conclusión.
Retos de la bioética, A modo de conclusión.

Los retos que la bioética está llamada a afrontar son numerosos y exigen un trabajo continuo de actualización y de estudio para establecer puentes a través de los cuales hacer presentes a los hombres y mujeres de nuestro tiempo principios éticos y urgencias que afectan a millones de personas en el mundo contemporáneo.

Como vimos al inicio, la bioética necesita encontrar caminos eficaces para no sucumbir al estado de asedio en el que actualmente vive. La continua sucesión de noticias sobre descubrimientos científicos y las discusiones sobre tantos temas de frontera no pueden convertirse en motivos para perder de vista lo fundamental.

El núcleo de toda actividad médica y científica consiste en reconocer la dignidad de cada ser humano en las distintas fases de su existencia, lo cual permite elaborar aquella ética capaz de promover una medicina a la medida del hombre. La confianza en la ciencia no puede hacer olvidar el primado de la ética cuando está en juego la vida humana.

La bioética sostendrá o promoverá, entonces, sistemas sociales y políticos atentos a la salud, al trabajo seguro y al ambiente; modos de vida y comportamientos en los que se conserve el patrimonio de la propia integridad física y psicológica. De este modo, se convertirá en el mejor aliciente de la “movilización general” que ayude a contrarrestar tantos signos de la cultura de la muerte, para que cada vez sea más real y concreta una auténtica cultura de la vida. Ese es quizá el mayor reto de la bioética, de ayer, de hoy y de siempre.

Genoma humano, ingeniería genética y diagnóstico prenatal
Genoma humano, ingeniería genética y diagnóstico prenatal

El mundo de la biología está alcanzando notables progresos en el conocimiento del genoma humano y en aquellas técnicas que puedan introducir modificaciones en el mismo o en otros seres vivientes.

Estamos ante un tema novedoso, aunque en el pasado hubo formas más o menos serias para cruzar diversos tipos de plantas o animales, si bien se carecía de conocimientos sobre el ADN, su funcionamiento y sus posibilidades. En la actualidad, los laboratorios pueden modificar los cromosomas de plantas y de animales, sea en su origen (es decir, en los gametos que darán lugar a un nuevo individuo, o en el embrión en sus momentos iniciales), sea en sucesivas fases de desarrollo (con alteraciones de algunas células que no modificarían, en principio, la estructura de todo el organismo vivo, sino sólo la de algunos de sus tejidos u órganos).

La aplicación de estas técnicas en el mundo de las plantas y de los animales también es objeto de estudio de la bioética, que recomendará no poner en marcha aquellos experimentos que puedan provocar daños de gravedad en el equilibrio ecológico de una región o de todo el planeta. Al mismo tiempo, es necesario evitar miedos excesivos que puedan bloquear investigaciones bien llevadas (por ejemplo, sobre los Organismos Genéticamente Modificados, OGM) orientadas a ofrecer importantes beneficios a un nivel de riesgo suficientemente bajo.

Respecto del ser humano, son válidas aquellas investigaciones orientadas a intervenir sobre el gen de algunas células de un individuo adulto para ayudarle a superar una enfermedad, en el respeto de los criterios que regulan la experimentación biomédica. Este tipo de actuación es conocida como terapia génica sobre células somáticas y es considerado positivamente.

En cambio, es éticamente incorrecto la ingeniería genética cuando se aplica para modificar el ADN completo de un individuo (al intervenir sobre los gametos o sobre el zigoto) en orden a conseguir un ser humano adulto al que se le haya impuesto un cierto modo de ser, o intervenir en su información genética simplemente para “mejorarlo”, sin que exista ninguna necesidad médica para tal intervención.

Los estudios sobre el genoma humano han llevado a un notable progreso en las técnicas diagnósticas, incluso antes del nacimiento, para conocer aquellos factores de riesgo que predisponen o que provocan de modo inevitable enfermedades o defectos más o menos graves. El uso de este conocimiento en clave terapéutica (para ofrecer una ayuda a las personas en el decurso de su vida, incluso en la etapa prenatal) es perfectamente legítimo y promoverá una medicina mucho más precisa y personalizada. Pero es totalmente injusto usar los estudios genéticos para establecer discriminaciones y para aumentar una práctica ya presente en muchas sociedades: la que convierte el diagnóstico prenatal en una especie de sentencia de muerte, al recurrirse de modo casi automático al aborto eugenésico cuando se descubre en el hijo alguna enfermedad cromosómica.

Fuente: Fernando Pascual.

Clonación
Clonación

En estrecha relación con los dos ámbitos apenas considerados (reproducción artificial, células madre) ha surgido un amplio debate sobre la clonación humana, especialmente desde que en 1997 fuera publicada la noticia sobre la clonación de la oveja Dolly, y desde las ulteriores noticias sobre clonaciones conseguidas en otros mamíferos. El debate cobra una especial viveza ante noticias que aparecen de vez en cuando, algunas de las cuales han resultado ser un auténtico fraude, sobre posibles clonaciones de embriones humanos.

Numerosos países y la comunidad internacional en su gran mayoría han expresado su condena respecto del posible recurso a la clonación reproductiva, orientada a conseguir el nacimiento de seres humanos idénticos (al menos respecto del ADN en el núcleo) a otros seres humanos. Sin embargo, se ha producido división de opiniones a la hora de juzgar sobre la licitud o ilicitud de la mal llamada “clonación terapéutica” de embriones humanos.

¿De qué se trata? La “clonación terapéutica” sería una técnica con la que se obtendrían (hipotéticamente) embriones humanos destinados a “donar” (a través de su destrucción) células madre embrionarias, con las que se podrían realizar diversos experimentos, orientados especialmente a dos fines: para conocer mejor qué mecanismos químicos y de otro tipo explican la diferenciación celular en las distintas etapas de desarrollo embrionario; y para obtener células madre embrionarias con las que realizar cultivos celulares y trasplantes con los que curar a personas enfermas, evitando los problemas de rechazo que suelen producirse si el ADN de las células o tejidos trasplantados es distinto del que posee el sujeto beneficiado.

El juicio ético ante estas dos posibilidades es claro: nunca será correcto posesionarse del inicio de nuevas vidas humanas, como se haría con técnicas que, además de recurrir a la fecundación extracorpórea, estarían orientadas a imponer un ADN determinado a un embrión humano, que así sería tratado casi como si fuera un objeto o un animal de laboratorio. Es más grave la situación cuando no sólo se impone un ADN al embrión clonado, sino que además tal embrión es destinado a su destrucción (en la “clonación terapéutica”).

Queda en discusión un procedimiento, todavía en fase experimental, de transferencia a un óvulo de un núcleo de una célula adulta que haya sido alterado, lo que permitiría, hipotéticamente, que el resultado de tal transferencia no llegase a ser nunca un embrión. Tal técnica recibe el nombre de ANT (Altered Nuclear Transfer). Ante esta nueva posibilidad ha de aplicarse el criterio de cautela: mientras no exista certeza de que el resultado de esta técnica no sea un embrión humano, tales experimentos no pueden ser llevados a cabo sobre óvulos humanos.

Células madre (troncales) y medicina regenerativa
Células madre (troncales) y medicina regenerativa

Una de las fronteras más recientes de la medicina contemporánea consiste en la búsqueda de caminos para reparar órganos y tejidos humanos que hayan sufrido daños por diversas causas (enfermedades o accidentes). Para ello, se está trabajando, y ya se ha llegado a algunas aplicaciones concretas, en el estudio de cultivos de diversas líneas celulares. Tocamos así el tema de las investigaciones con células madre o células troncales (en inglés, Stem cells), un ámbito relacionado con las posibles aplicaciones que tales investigaciones tendrán en el ámbito de la medicina regenerativa.

La bioética se encuentra ante estudios y experimentos de no fácil comprensión y con noticias que provocan en la opinión pública un vivo interés, en parte por las esperanzas de curación ante enfermedades sumamente graves (como el Alzheimer), en parte por los debates ante los medios usados para obtener células madre.

De un modo genérico, podemos decir que las células madres pueden tener dos orígenes: desde células extraídas de individuos con un suficiente desarrollo fisiológico (fetos, niños, adultos), o desde células obtenidas a través de la destrucción de embriones. Las primeras reciben el nombre de células madre adultas, y las segundas son conocidas como células madre embrionarias. Podrían darse más posibilidades, por ejemplo, conseguir células madre desde embriones sin destruirlos, o “reprogramar” (desespecializar) células madre adultas hasta convertirlas en células madre embrionarias, etc.

Aquí podemos ofrecer un criterio que vale, en general, para cualquier tipo de experimentación: nunca puede ser justo un experimento que implique daños graves en los seres humanos que participen en tal experimento. Este criterio se aplica en dos perspectivas: no es correcto perjudicar (o incluso destruir) la vida de un ser humano en vistas a curar (potencialmente) a otro; y no es correcto poner en marcha un experimento potencialmente terapéutico para un enfermo si los riesgos del mismo son muy elevados, tanto que llegarían a neutralizar los beneficios esperados.

Desde esta perspectiva, resulta claro que nunca será justo obtener células madre embrionarias desde la destrucción de embriones. Todos aquellos grupos de presión que piden con insistencia que sea posible usar los mal llamados “embriones sobrantes” están simplemente defendiendo que unos seres humanos tengan permiso para destruir y usar como si se tratase de animales de laboratorio a otros seres humanos, los más débiles, los más frágiles, los más necesitados: los embriones.

Igualmente será injusta cualquier técnica que intente producir embriones humanos simplemente para usarlos (y destruirlos) luego en diferentes tipos de experimentos. Como también es injusto cualquier experimento que implique manipular óvulos hasta el punto de activarlos a través de una transferencia nuclear o de otra manera, si no existe certeza (una certeza difícilmente alcanzable) que tales óvulos no se han convertido en embriones humanos, aunque estén tan “dañados” que sea imposible que se desarrollen de modo correcto. La breve existencia de un embrión, intencionalmente “fabricado” como no viable según la técnica usada, no otorga ningún permiso para usarlo como objeto, como material biológico de interés para los laboratorios.

Respecto de las células madre adultas (obtenidas desde seres humanos suficientemente desarrollados) hay muchas esperanzas y no existen objeciones éticas graves, pues en principio resultaría posible obtenerlas sin provocar daños en el donante. Queda por recordar que el uso de tales células supone haber alcanzado la certeza suficiente (dentro de los límites de la ciencia empírica) de que no se vayan a producir daños en quienes las reciban en un trasplante.

La fecundación artificial II
La fecundación artificial II

Los gobiernos y los parlamentos han intervenido, en ocasiones con poca competencia técnica y con escasa atención a los principios éticos en juego, para regular este nuevo ámbito de la medicina. La línea seguida en muchas leyes ha sido la de contentar al mayor número posible de personas, dejando de lado el respeto debido a la vida o la salud de los embriones, u olvidando cuál sea la modalidad correcta de ayudar (no sustituir) a los padres en su dimensión procreadora.

En esta carrera por contentar todas las peticiones, no se ha ofrecido la suficiente atención al tema que sería más importante: el problema de la esterilidad. La mayor parte de las técnicas usadas no curan la esterilidad, sino que establecen un dominio del laboratorio sobre la generación de nuevas vidas humanas.

Los resultados han sido y siguen siendo dramáticos. Aunque han nacido miles y miles de niños gracias a la fecundación in vitro, se calcula que en muchos casos por cada niño nacido con la FIVET o la ICSI han fallecido, en el camino, unos nueve embriones. Se ha llegado a peticiones absurdas y discriminatorias: se pide un niño de una raza determinada, o con un ADN concreto; o incluso, el caso fue real, se llegó a solicitar la “producción” de un hijo que fuese completamente sordo para contentar a una pareja de lesbianas que también eran sordas.

Cientos de miles de embriones están congelados a más de 190 grados bajo cero en espera de lo que decidan sus padres, o se encuentran en estado de completo abandono. Se crean debates jurídicos sumamente complejos, por ejemplo si un hijo quiere saber quién fue su padre (un donador anónimo de esperma), o si una lesbiana exige ser pagada por el padre (legalmente anónimo) de un hijo obtenido a través de inseminación artificial, o si una mujer que donó sus óvulos quiere luego conocer la identidad de los hijos nacidos gracias a ella.

Ante esta situación, es necesario un esfuerzo serio y eficaz, a través de una educación capilar y de leyes bien elaboradas, para que ningún hijo empiece a existir como simple resultado de la intervención técnica, y para que nunca sean usados, en la procreación, gametos de donadores anónimos. En otras palabras, hace falta una campaña orientada a suprimir las técnicas de fecundación extracorporal (sobre todo las más usadas, FIVET e ICSI) y a prohibir la donación de esperma o de óvulos.

Presentar de modo adecuado por qué muchas técnicas de fecundación artificial violan el respeto debido al embrión en su vida/salud y en el modo correcto de transmitir la vida (en el matrimonio, como fruto del amor, entre los esposos) es uno de los grandes retos de la bioética. Al mismo tiempo, será de gran ayuda educar a los jóvenes y a los adultos en el respeto hacia la fecundidad, indicando qué comportamientos pueden dañar el funcionamiento correcto del propio sistema reproductivo, y cuáles permiten conservarlo en buenas condiciones, lo cual llevaría a una disminución notable de la esterilidad y de la infertilidad. Ello no implica dejar de lado la investigación sobre aquellas técnicas que permitan curar a las parejas que no pueden tener hijos, siempre que tales técnicas respeten el sentido genuino de la procreación humana.

De la mano de lo anterior, es urgente mejorar los sistemas de adopción de forma que pueda ofrecerse a tantos miles de hijos abandonados el cariño de parejas que los acogerán con un profundo sentido de responsabilidad, según un criterio que recomiendan algunos especialistas en el tema: la adopción es dar un hijo a unos padres, pero sobre todo es dar unos padres a un hijo.

Algunos nuevos retos para la bioética
Algunos nuevos retos para la bioética

Vamos ahora a ofrecer una visión ágil de algunos problemas “de frontera”, de temáticas que han surgido desde los progresos de la investigación científica y que, sin que toquen a números grandes de la población (aunque a veces sí afectan a muchas personas), son objeto de atención continua en los debates bioéticos por la presión de algunos grupos de investigadores y compañías farmacéuticas, apoyados por los medios de comunicación, y por las esperanzas que se han generado en la sociedad desde las informaciones casi constantes sobre los nuevos horizontes de la medicina. De modo especial, nos centraremos en los temas que se refieren a la fase inicial de la vida humana y a los últimos descubrimientos en el ámbito de la medicina reparadora.

1. La fecundación artificial

No buscamos ahora esbozar un cuadro global de los continuos progresos que se han dado en el ámbito de la reproducción artificial, sobre todo desde que se empezó a aplicar la fecundación “in vitro” a la especie humana, una práctica que tiene como punto de arranque simbólico el nacimiento de la primera “bebé probeta” (Louise Brown) en 1978.

Una vez que la técnica se ha introducido ampliamente en el mundo de la procreación humana y que ha generado grandes esperanzas entre quienes desean tener un hijo, millones de personas han recurrido y siguen recurriendo a las clínicas de fertilidad. En muchos casos, se trata de parejas (casadas o en unión libre) afectadas por diversos problemas de esterilidad. En otros casos, sobre todo desde hace pocos años, también acceden parejas que no quieren tener un hijo con una enfermedad genética determinada, o que desean conseguir con certeza un hijo dotado de ciertas características escogidas previamente (según motivos “médicos” o de otro tipo).

Para contentar al mayor número posible de personas, los investigadores ofrecen diversos caminos para alcanzar el resultado solicitado por los padres (o por una mujer en solitario). La lista de posibilidades técnicas es larga: inseminación artificial (homóloga o heteróloga), fecundación in vitro (con la posibilidad de congelar a los “embriones sobrantes”) con sus diversas variantes (ZIFT, TET, ICSI, SUSM), diagnóstico preimplantatorio, donación de embriones y de óvulos, etc.

Problemas relativos al ambiente y a la ecología
Problemas relativos al ambiente y a la ecología

6. Problemas relativos al ambiente y a la ecología

La bioética tiene mucho que decir frente a los temas relativos al ambiente y a la ecología. El desarrollo tecnológico moderno ha generado nuevos problemas debidos a diversos factores, como el abuso de recursos naturales de por sí limitados, la alteración de equilibrios climáticos, la contaminación atmosférica, la generación de deshechos de difícil eliminación o de alta toxicidad, la desaparición de especies vivientes (plantas o animales), y un largo etcétera.

Además, nuevas tecnologías permiten intervenir sobre los seres vivos, hasta el punto de modificar el genoma de animales y plantas. Es cierto que los cruces genéticos y la invención de especies ya se ha dado en el pasado, pero las posibilidades actuales son enormes, y exigen por lo mismo un mayor sentido de responsabilidad. Ello no significa generar miedos irracionales o situaciones de pánico ante conquistas que resultarían benéficas para el hombre y para el mismo ambiente (especialmente en algunos países pobres, que pueden ser ayudados, por ejemplo, a través de semillas genéticamente modificadas y adaptadas a su situación), ni tampoco crear el extremo opuesto, que lleva a considerar que todo lo técnicamente posible es de por sí lícito, sin sopesar con prudencia las repercusiones a corto y a largo plazo que la aplicación de una nueva biotecnología produzca en los complejos equilibrios de la vida terrestre.

La preocupación por el ambiente y la ecología nace de una exigencia ética fundamental: el planeta Tierra es el habitáculo donde transcurrimos la etapa temporal de nuestra existencia humana. El hombre no es un dueño despótico de la creación, sino el administrador y custodio de un patrimonio de vida que viene del mismo Dios y que nos permite gozar de salud, de alimentos, y de la compañía de tantas bellezas entre los animales y las plantas que viven a nuestro lado.

Ciertamente, la preocupación ecológica no puede llevar a un menoscabo de las obligaciones fundamentales que tenemos hacia el ser humano. Sería absurdo, pero no es difícil que ocurra, que se organicen movilizaciones populares en favor de los bosques mientras se guarda un silencio cómplice ante la existencia de clínicas donde cada año son abortados cientos (a veces miles) de seres humanos. Como también sería absurdo invertir millones de dólares o de euros para limpiar un río mientras en las orillas del mismo mueren cada año cientos (o miles) de personas por carecer de las medicinas básicas para el tratamiento de la malaria.

La bioética tiene, por lo tanto, que estudiar y proponer soluciones para tutelar el ambiente en el que vivimos.

Fuente: Fernando Pascual