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Categoría: Vida

¡Que la lucha no se desvanezca!
¡Que la lucha no se desvanezca!

No puedo evitar que mi piel se erice al ver las imágenes de la marcha del 8 de marzo en la Ciudad de México. Una sociedad organizada y con un fin en común, no sólo mujeres si no hombres: papás, hermanos, novios, esposos, amigos que se unen para reconocer la urgencia de un problema que nos aqueja a todos pero principalmente a las mujeres: la violencia.

Al tiempo que sigo la marcha y me uno desde mi trinchera el paro convocado el día de mañana tampoco puedo evitar que haya una pregunta merodeando mi cabeza: ¿qué va a pasar después?

¿Una marcha más?, ¿una manifestación más para exigir respuestas y justicia? ¿un movimiento mas? Ojalá que no!
Por primera vez desde hace muchos años, estamos presenciando un momento histórico; tenemos una sociedad organizada, tal vez por hartazgo, tal vez por indignación o por pura solidaridad pero al fin encontramos algo que nos une a todos: mujeres y hombres, mexicanos y extranjeros, de todas las clases sociales, de todas las razas, de todos los orígenes y de todas las etnias.

El objetivo es sólo uno: hacer visible lo que, por años, ha permanecido invisibilizado, minimizado, ignorado o ni si quiera nombrado: nuestra dignidad, como mujeres, como personas, como seres humanos.

Ese logramos tener la atención incluso de quienes se burlan de nuestro movimiento e ignoran nuestra indignación, hoy marcamos un antes y un después en la historia de nuestro país. Los periódicos y medios de comunicación llevan ya días ofreciendo datos de lo alarmante que es una violencia ejercida hacia sectores específicos de la población, hoy hacia las mujeres pero mañana podría ser hacia adultos mayores, niños, hombres, indígenas o empresarios.

No perdamos de vista que igual de indignante es la violencia en contra de las mujeres que la ejercida en contra de cualquier persona, lo importante no es hacia quién va dirigida si no el acto mismo de violentar, lastimar, amedrentar y matar.

Ojalá que mañana y pasado y el siguiente mes y las próximas estaciones y los siguientes años el 8M día no se vuelva memoria si no constante y perpetua voluntad de lucha, permanente condición insatisfecha.

Recordar ese día no tiene ningún sentido porque no es un día lo que hay que recordar si no un despertar de mujeres, si, pero también, de una sociedad y de una humanidad que rechaza la marginación, el desprecio, el descarte, que clama justicia y solidaridad, que niega cualquier forma de descarte y que se pronuncia a favor de la vida, ¿de cuál vida? De TODA VIDA.

No nos quedemos sólo en el 8M, hoy apenas comenzamos, el camino es largo aún, el sol quema y la lluvia arrecia, el paraje a veces será desierto e inhóspito, duro el caminar en estas condiciones pero que si para algo ha de servir este día sea para recobrar el aliento y animar el espíritu porque justo cuando el andar sea cuesta arriba es cuando más hay que apretar el paso.

Que este día no quede en “ese día” si no en “siempre”. No olvidemos también que, en ese “siempre” existen muchas mujeres que no aparecieron en la escena pública, que no van a parar sus actividades y que siguen sumergidas en la aceptación resignada de su condición.

Que nuestra lucha, la de quienes si podemos salir a las calles a manifestarnos, la de quienes si podemos unirnos al paro nacional del 9M, la de quienes sí podemos tener una voz, no sea nuestra si no de ellas porque para eso somos mujeres y para eso somos personas: para levantar la voz por quienes no la quieren o pueden tener.

Hoy somos testigos de un reclamo social no sólo de los mexicanos si no de todos y todas: la paz es nuestro sueño y las conquistas son de quienes, un día, se atrevieron a soñar.

¡Que no pare aquí! ¡Que nuestra lucha no se desvanezca nunca!

Autor: Dra. María Elizabeth de los Ríos Uriarte
Profesora de la Facultad de Bioética
Universidad Anáhuac México

No hacer nada, Es estar de acuerdo
No hacer nada, Es estar de acuerdo

He reflexionado mucho sobre el tema de la violencia hacia las mujeres, y la iniciativa de empresas, organizaciones de la sociedad civil, hombres y mujeres: un día sin nosotras.

Estoy convencida de que la violencia hacia las mujeres debe terminar cuanto antes. Según datos del INEGI durante el segundo semestre del año pasado el 27.2 de las mujeres de 18 años y más que viven en zonas urbanas fue víctima de al menos un tipo de acoso personal y/o violencia sexual en lugares públicos. ¡Más de la cuarta parte de las mujeres!

Esto se refiere a situaciones tales como: le dijeron piropos groseros u ofensivos de tipo sexual o sobre su cuerpo que a usted le molestaron u ofendieron; alguien intentó obligarle o forzarle usando la fuerza física, engaños o chantajes a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, o en contra de su voluntad; le ofrecieron dinero, regalos u otro tipo de bienes a cambio de algún intercambio de tipo sexual; le enviaron mensajes o publicaron comentarios sobre usted, insinuaciones sexuales, insultos u ofensas sexuales, a través del celular, correo electrónico o redes sociales, entre otras muchas.

Lugar público se refiere a la calle, transporte público, parque, lugar recreativo (cine, antro, etc.), o en otro lugar público como iglesia, centro comercial, mercado o plaza pública.

Tristemente los números suben considerablemente si nos vamos al ámbito de los matrimonios o uniones libres: 47 de cada 100 mujeres de 15 años o más que viven con su pareja sufren algún tipo de violencia: física, psicológica, económica o sexual. Únicamente un 19.1% de estas mujeres se atreve a denunciar.

Esto nos tiene que llevar a reflexionar sobre los diversos patrones sociales y culturales que durante años hemos aceptado como normales en nuestro país.

La dinámica familiar ha cambiado. Hace solo unas décadas el hombre era el proveedor económico de la familia, y la mujer quien educaba a los hijos y cuidaba del hogar. Actualmente, la mayoría de los hogares mexicanos dependen de dos salarios: papá y mamá.

Sin embargo, si analizamos la economía formal, encontramos que la participación laboral femenina es muy baja. Entre los 36 países miembros de la OCDE, México es el segundo con menos participación de la mujer en el ámbito laboral, solo superado por Turquía. Esto fomenta que las mujeres dependan económicamente de sus padres o parejas, condición que las mantiene vulnerables a una situación de abuso.

Sé que no es fácil cambiar esto de un día para otro. Me parecieron muy acertadas las sugerencias publicadas por Jorge Suárez-Vélez en su artículo del periódico Reforma: cambiar la unidad de fiscalización de familia a individuo, para evitar que se eleve la tasa marginal de impuesto cuando la mujer trabaja; incrementar el acceso a guarderías y estancias infantiles, mejorar su calidad, subsidiarlas y hacer deducible su costo; hacer extensivo el pago de semanas de maternidad a hombres, y obligar a que la tomen.

Promover que mujeres estudien carreras técnicas y de ciencia; fomentar la permanencia de las mujeres en las empresas, para que puedan realizar carreras gratificantes, ofreciendo flexibilidad de horarios y condiciones que permitan trabajar desde casa. Incluir a mujeres en puestos directivos y en consejos de administración, así como ofrecer el pago de remuneraciones iguales para ambos.

Estoy convencida de que un cambio de conducta es trabajo de todos, hombres y mujeres. Terminar con el abuso y la violencia hacia la mujer es obligación de todos nosotros.

Hombres y mujeres tenemos la misma dignidad como personas, somos dos caras de la misma moneda.

Debemos respetarnos unos a otros, para convivir como iguales y tener una sociedad sana y fuerte.

¡Unámonos para lograr un México mejor!

Autor: Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer. cervantes.lucia@gmail.com www.lucialegorreta.com. Facebook: Lucia Legorreta

Febrero: ¿Es el único mes para demostrar amor y amistad?
Febrero: ¿Es el único mes para demostrar amor y amistad?

En nuestro país febrero se considera el mes del amor y la amistad, en concreto el día 14.  Semanas antes empieza el bombardeo de publicidad y la mercadotecnia se pone en práctica. Yo me pregunto:  ¿Realmente febrero es el único mes para dar amor, amistad y regalos a los seres que más amamos?

En las tiendas comerciales encontramos ofertas y regalos para nuestra pareja; en las escuelas, los alumnos llevan regalos para intercambiar con su grupo; en el trabajo aparece constantemente el mensaje de: feliz día del amor y la amistad.

Chocolates, osos de peluche, cenas, comidas, flores (cuyo costo sube considerablemente este día), son comunes entre los mexicanos. Unos días antes y en especial el 14, las tiendas y las calles luces abarrotadas de regalos. Muchas personas salen a comprar un detalle para regalarlo a quien consideran que es el amor de su vida y a sus mejores amigos.

No es que yo esté en contra de este día, pero si me cuestiono: ¿entendemos bien la fecha? El amor es el sentimiento más poderoso y puro del ser humano, gracias a él decidimos compartir nuestra vida con otra persona, formamos una familia y brindamos ese amor a los demás: hijos, padres, familiares; somos leales y queremos a nuestros amigos y compañeros de trabajo.

Y en esta fecha lo que más se brinda y se comparte son regalos; quizá sea una manera de expresar el amor, pero lo que sientes por otras personas se puede expresar perfectamente cualquier día del año y no necesariamente con obsequios.

Hablemos del matrimonio, el cual debe cultivarse día tras día: el amor no es estático, crece con el tiempo, o puede disminuir. El amor no es un sentimiento, es un acto de la voluntad, es decir, me levanto todos los días y quiero quererte cada vez más.

Al reflexionar sobre el amor que les tenemos como padres a nuestros hijos, me atrevería a decir que es un amor incondicional. Pase lo que pase durante su vida, o hagan lo que hagan seguiremos amando a nuestros hijos profundamente.

No así, el amor de ellos hacia nosotros; tristemente un hijo puede dejar de amar a su padre o a su madre si lo que ha recibido de parte de ellos ha sido violencia, falta de respeto o abandono.

El amor filial entre hermanos también debe cultivarse.  Es una conexión que no se tiene con nadie más. Nuestros papás nos dejan cuando aún somos jóvenes, nuestros esposos e hijos aparecen más tarde. Son nuestros hermanos quienes nos acompañarán durante todo el camino de nuestra vida.  Debemos de cuidar y mantener esta relación.

Y al hablar de la amistad, estoy convencida de que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano. No importa cuantos tengas en Facebook o en Instagram, quienes en realidad importan son aquellos que te quieren y aceptan tal y como eres, que están contigo en las buenas y en las malas.

Por lo tanto, si tu eres de los que celebran el 14 de febrero y todo el mes, ¡adelante: disfrútalo!, es una fecha importante para hacer honor al sentimiento más potente que existe. Pero, no te confundas, a veces el mejor regalo para brindar en estas fechas es un momento con esa persona, una carta, o un detalle sin importar su precio.

Aprovecha también para llamar a aquellos amigos o familiares a quienes no ves tan seguido para preguntarles como están y que ha sido de su vida.

Mantente siempre muy cerca de aquellos a quienes amas, y demuéstraselos continuamente.

Recuerda que el amor no es un sentimiento, sino un acto de la voluntad y de la inteligencia. Por lo que a nuestros seres queridos tenemos que demostrarles nuestro amor con actos y palabras, ya que un amor que no se cultiva, puede terminarse.

¡Feliz día del amor y de la amistad!

Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer. cervantes.lucia@gmail.com www.lucialegorreta.comFacebook:  Lucia Legorreta

Síndrome de la abuela esclava
Síndrome de la abuela esclava

Fue hasta hace poco cuando escuché por primera vez el término de síndrome de la abuela esclava, pero más fue mi sorpresa cuando al investigar sobre éste confirmé que es un fenómeno reconocido por la Organización Mundial de la Salud y considerado ya como una enfermedad grave desde el año 2001.

¿En qué consiste?

Afecta a las mujeres maduras que son sometidas a una sobrecarga tanto física como emocional.     Presenta manifestaciones como:

  • malestar general, falta de satisfacción
  • tristeza, desánimo, falta de motivación
  • ansiedad
  • algunas veces, sentimientos de culpa por su malestar
  • depresión

No cabe duda que la relación abuelos-nietos es una de las más hermosas, gratificantes y fructíferas experiencias humanas.   Sin embargo, hay ocasiones en que los abuelos tienen que seguir asumiendo responsabilidades y cargas familiares muy superiores a lo que sus capacidades físicas y mentales pueden soportar.

Cuando se vive esta situación, la mayoría de los hombres declaran abiertamente su incapacidad para asumir cargas excesivas, pero las mujeres, con un gran sentido de responsabilidad, se obstinan en negar y ocultar su propio agotamiento y siguen haciendo más de lo que pueden para no molestar o defraudar a sus propios hijos, que delegan en ellas demasiadas cargas familiares.   Y se convierte en una especie de voluntaria esclavitud.

Las razones son diversas:

  • La delegación del cuidado de los hijos en la abuela materna es una de las estrategias de compatibilización familia-empleo más utilizadas en nuestro país.
  • Ya sea por no contar con recursos económicos para niñera o guardería.
  • Porque existen lazos afectivos
  • Por comodidad
  • Porque es gratis.

Sin embargo, la abuela también tiene estrés y empiezan a aparecer enfermedades físicas y emocionales en ellas.  El sobreesfuerzo prolongado puede provocar o agravar diversas enfermedades, que no se curarán adecuadamente hasta que sus propios hijos sean consecuentes y liberen a la abuela de esta llamada esclavitud.

Te preguntarás ¿por qué se sienten comprometidas las abuelas?  ¿por qué no se liberan de estas cargas?  ¿por qué asumen estas situaciones como suyas?  La mayoría de los casos se debe a la educación y valores aprendidos, porque se sienten responsables del permanente cuidado de la familia y porque es una forma de seguir sintiéndose útiles. 

¿Quién es la abuela esclava?

  • Mujeres que cuidan a sus nietos de forma sistemática.
  • Mujeres que cuidan a familiares enfermos de forma sistemática.
  • Mujeres que tienen excesivas responsabilidades familiares en función de sus capacidades.
  • Mujeres que no tienen libertad para tomar decisiones.
  • Mujeres que no disfrutan de su tiempo libre como ellas quisieran.
  • Mujeres que apenas tienen relaciones sociales.
  • Mujeres que por cuestiones culturales y familiares se sienten obligadas a asumir demasiadas responsabilidades.
  • Mujeres que tienen miedo a quejarse por represalias familiares (retirada del cariño, chantaje emocional).
  • Mujeres que consciente o inconscientemente saben que se está abusando de ellas, pero no tienen ni los recursos, ni los medios necesarios para hacer frente a estas situaciones.
  • Mujeres que posiblemente se sientan maltratadas.

¿Quién es una abuela feliz?

  • Aquella que aporta bienestar a la familia.
  • Ayuda a sus hijos y familiares en función de sus capacidades físicas y emocionales.
  • No tiene responsabilidades directas con sus nietos de forma sistemática.
  • Tiene libertad para decidir qué hacer con su tiempo.

Los abuelos poseen una importante influencia en la educación de los nietos, incluso cuando éstos ya son adultos.  Son guías y consejeros, trasmiten conocimientos, valores y tradiciones; dan un sentido de patrimonio familiar y estabilidad.    Los abuelos proporcionan una ayuda crucial a todos los niveles:  económico, emocional, de cuidado.

El síndrome de la abuela esclava cada vez es más frecuente en nuestra sociedad, y los familiares debemos estar atentos a este problema.   Para prevenirlo, busca el equilibrio entre las capacidades y responsabilidades de la abuela y fomenta el cariño y la comprensión familiar.

Cuidemos mucho esta relación entre abuelos, hijos y nietos, pero sobretodo NO tengamos en nuestra casa a una abuela esclava, sino hagamos de ella una abuela feliz.

Autor: Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer. cervantes.lucia@gmail.com www.lucialegorreta.com. Facebook:  Lucia Legorreta

El duelo patológico
El duelo patológico

Después de una pérdida, es normal que surjan sentimientos y conductas que cada persona vivirá de forma diferente.  Pero ¿que sucede cuando este se convierte en un duelo patológico? Hoy platicaremos de cómo identificarlo y sobretodo como superarlo.

Un duelo normal, agudo o no complicado viene acompañado de sentimientos y conductas que son normales tras una pérdida: malestar fisiológico, preocupación de olvidar al fallecido, sentimientos de culpabilidad, irritabilidad, incapacidad para funcionar de la misma manera que antes de la pérdida, entre otros.

¿Cuándo se convierte en un duelo patológico?

Se le llama así porque la persona ha perdido toda la energía, la capacidad de vivir y de ilusionarse, incluso, de hacer planes. Es una depresión profunda.

Hay aplanamiento afectivo, que es cuando el sujeto ya no tiene ganas de hacer nada: levantarse, bañarse, vestirse y menos realizar sus actividades normales.

Puede presentarse de dos formas:

  • Duelo crónico o prolongado: cuando tiene una duración excesiva, sin llegar a una conclusión satisfactoria. Existen reacciones el día del aniversario de la muerte durante 10 años, e incluso más tiempo.
  • Duelo retrasado, inhibido, suprimido o pospuesto: la persona puede haber tenido una reacción emocional insuficiente justo en el momento de la pérdida.   Posteriormente puede experimentar síntomas de duelo si existe otra perdida inmediata, siendo, esta vez, la reacción emocional excesiva.  Suele ocurrir cuando la segunda pérdida es por suicidio.

Una variante es cuando la persona no ha sufrido la segunda pérdida, y al ver una película o escuchar una noticia en la cual el tema central es acerca de una pérdida, viene una reacción tardía.

  • Duelo exagerado: es la intensificación del duelo normal que hace que la persona se sienta desbordad y su conducta sea des adaptativa. Es muy conveniente acudir a una terapia con un profesional ético y preparado, para que no se convierta en algo más grave como manía, crisis de pánico o ansiedad.

¿Cómo ayudar a una persona con un duelo patológico?

  • Acercarte de forma sencilla: ¿Qué tal estás hoy?
  • Escucharla el 80% del tiempo y hablar solo el 20%
  • Ofrécele ayuda en cosas concretas
  • En el futuro seguirá teniendo momentos difíciles, muéstrale siempre tu apoyo,
  • Si has atravesado por una pérdida, explícale que fue para ti
  • Entabla contacto físico que denote afecto.
  • Comparte silencios y aprende a sentirte cómodo en ellos.
  • Sé paciente con la persona que ha sufrido la pérdida y permítele compartir sus recuerdos del ser querido.

Y si tú eres quien está viviendo un duelo patológico, no dejes pasar más tiempo y busca ayuda profesional.

A esa persona tan querida que ya no está contigo, lo que más le gustaría es verte bien y gozando de la vida plenamente.

Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer. cervantes.lucia@gmail.com www.lucialegorreta.com.   Facebook:  Lucia Legorreta

Adultos mayores en nuestra familia
Adultos mayores en nuestra familia

En cada uno de nosotros existe el temor, pequeño o grande, de envejecer, pero no perdamos de vista que la vida está enriquecida por el conjunto de todas sus etapas:  niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez.

El adulto mayor enfrenta grandes retos que las nuevas generaciones no entienden.   Se ignora a los viejos, se siente impaciencia con ellos.

No nos damos cuenta de que nuestros adultos mayores están tan vivos como cualquiera y sufren el rechazo del que en ocasiones son víctimas. Hay que apreciar las duras batallas que enfrentan para adaptarse a las pérdidas y buscar su nueva identidad.

Es necesarios promover un cambio de mentalidad en las personas de la tercera edad y en quienes conviven con ellas.

La discriminación hacia los adultos mayores y la falta de valoración de sus cualidades debe atacarse desde la familia para producir un cambio cultural.   Una familia sin adultos mayores tiene una historia incompleta.

Hay que estar conscientes de que el proceso de envejecimiento abarca todos los aspectos de la vida humana.      Hay quienes tienen vitalidad física y psíquica para afrontarlo, algunos se resignan y otros más se abandonan y el deterioro los vence.

Abordar los retos de envejecer implica realizar un esfuerzo sostenido que se manifiesta en el cuidado de la alimentación, la salud y la estabilidad emocional.

Envejecer implica un desafío para el que envejece y para los que lo rodean.    Hay que mantener una actitud abierta que no compare lo que se hace con lo que se hacía;  lo importante es aprender a disfrutar el nuevo ritmo de ejecución.

Hay que aprovechar las posibilidades de examinar con objetividad y serenidad los logros y fracasos obtenidos a lo largo de la vida, para conservarlos, disfrutarlos y aprender de ellos.

Debemos fomentar como familia y como sociedad un cambio de actitud ante el anciano.   La familia debe reforzar sus lazos y la sociedad debe propiciar una cultura de aceptación e integración del adulto mayor.

Algunas propuestas para lograr que nuestros adultos mayores vivan en plenitud son:

  • Alentarlos a emprender proyectos inmediatos que los mantengan con una actitud positiva.
  • Motivarlos a evaluar sus logros de tiempos pasados para que puedan seguir aplicándolos en el presente y que asuman de la mejor manera su papel de consejeros.
  • Ayudarlos a aceptar las consecuencias del proceso de envejecimiento y a no sentirse inútiles. Podemos recomendarles actividades de servicio a los demás.
  • Ayudarlo a evitar el pesimismo y los pensamientos negativos.
  • Compensar con cariño sus ratos de soledad y generar en ellos el sentimiento de pertenencia a la familia.
  • Ayudarlos a reconocer sus capacidades y limitaciones, y a cambiar de rol aceptando su dependencia cuando sea necesario, brindándoles apoyo sin menoscabar su dignidad e individualidad.
  • Acompañarlos a mirar al pasado y a aceptar su historia, a f in de que perciban con claridad lo que han cultivado a lo largo de su vida.
  • Propiciar que conserven intereses propios y que aprovechen el tiempo para el cultivo de amistades y para el esparcimiento.
  • Asumir la responsabilidad del bienestar de los padres: cuidado físico, económico, afectivo y de integración social, comprendiendo que es un privilegio cuidar de ellos y devolverles algo de lo mucho que hicieron por nosotros.

Aunque todavía falta mucho por hacer, como sociedad hemos avanzado en el cuidado y respeto a los adultos mayores a través de diversos programas de apoyo  (descuentos, beneficios en alimentación, salud, pensiones, etc.), así como portales de información (bolsa de trabajo, beneficios fiscales, entre otros), que ayudan a las personas en esta etapa de la vida.

Sin embargo, es en el ámbito familiar donde debemos seguir luchando para que el adulto mayor encuentre en su familia el cariño y apoyo que necesita.

Muy importante es el testimonio que demos a nuestros hijos en el trato hacia los adultos mayores cercanos, principalmente nuestros padres.       Si ellos observan un trato digno y de respeto hacia sus abuelos o parientes mayores, en unos años harán lo mismo con nosotros.

Recuerda: una familia sin adultos mayores, tiene una historia incompleta.    Si de algo estamos casi seguros, es que tarde o temprano todos llegaremos a esa edad, y como vivamos nuestra vejez dependerá en gran parte de cómo somos actualmente con nuestros adultos mayores cercanos y lejanos.

Autor: Lucía Legorreta de Cervantes

Cargo: Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer.

Correo: cervantes.lucia@gmail.com

Página: www.lucialegorreta.com  

Facebook: @Lucia Legorreta

Tareas y exámenes de nuestros hijos
Tareas y exámenes de nuestros hijos

Una de las tareas más difíciles con las que se enfrentan los padres, y en especial las mamás es la la tarea de nuestros hijos y la preparación para los exámenes.

He escuchado afirmaciones de mamás tales como: mañana tengo examen de historia…están muy difíciles las matemáticas de este año…no he terminado de hacer el trabajo para mañana.    ¡Como si fueran ellas quienes están cursando primaria o secundaria!

No es fácil enseñar a nuestros hijos a estudiar y cumplir con las tareas diarias de la escuela.     Un valor que como padres debemos de fomentar en estos años es la responsabilidad, para que durante los primeros años reciban nuestra ayuda, y que poco a poco aprendan a hacerlo solos.

Ahora que inicia el año escolar, comparto contigo algunos consejos prácticos para ayudar a tus hijos a que cumplan con las obligaciones de la escuela:

  1. Busca un lugar apropiado: un espacio iluminado, agradable, limpio, con un escritorio y una silla cómoda. De preferencia, que sea en el mismo lugar.
  2. Decoren juntos el lugar: se recomienda que si es posible lo pintes de amarillo, porque es un color que estimula la actividad cerebral; colocar recipientes de colores para el material y ya sea una planta o un florero, que sea un lugar especial.
  3. Coloca una repisa: es importante tener un espacio especial para libros de referencia y consulta, como el diccionario o libros de consulta. Es conveniente conservar algunos libros de los hermanos mayores para que sean reutilizados.    Imprime el calendario escolar para que le sirva de guía.
  4. Tiempo específico: el niño debe saber que cuenta con un tiempo determinado; un reloj cerca puede ser de gran ayuda para que se de cuenta de cuanto tiempo le queda.
  5. Establece un horario específico: se recomienda ya sea después de comer o poco más tarde, pero tener un momento para hacer la tarea.
  6. Detalles: asegúrate que antes de empezar, se haya lavado los dientes, las manos y haya ido al baño para evitar que se esté levantando.
  7. Evita aparatos electrónicos: televisión, celular, video juegos, música o alguna otra distracción, que los impida concentrarse en su tarea.
  8. Utiliza la computadora: cuando ya tengan la edad suficiente puede ser una herramienta poderosa y de gran ayuda para los niños y los papás.
  9. Prepárate para el uso de nuevas herramientas electrónicas: como papás no debemos quedar rezagados para poder apoyarlos en la ejecución de sus tareas y trabajos.
  10. Evita celulares: permitir llamadas solo si son empleadas para preguntar algo sobre el examen o la tarea.
  11. Elimina las distracciones posibles durante el tiempo de estudio: observa que hace que tu hijo o hija se distraiga para que puedas quitarlo de su vista. Cada niño es diferente.
  12. Ten artículos escolares en la casa: pon a su alcance lo que vaya a necesitar: colores, tijeras, pegamento, hojas. Los niños buscan cualquier excusa para no hacer la tarea o estudiar.
  13. Permanece cerca cuando hacen la tarea o estudian: solo vigila, es muy importante que NO la hagas tu, sino ellos.
  14. Enseña a tu hijo-a a ser organizado: esto ayudará a que haga la tarea más rápido y a que sepa como estudiar.
  15. Se ejemplo para tus hijos: mientras hacen la tarea, lee o haz algún trabajo para que se dé cuenta que también realizas disciplinadamente tus cosas.

Cuando son pequeños debemos ayudarlos, y alrededor de los diez años, en cuarto de primaria, debemos irlos soltando para que sean ellos quienes aprendan a cumplir y no nosotras.

Recuerda, la responsabilidad la aprenden en esta etapa de la vida, y de ella dependerá su actitud ante el trabajo cuando sean adultos.

La tarea es de nuestros hijos, no de los padres.

Autor: Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer.

Correo: cervantes.lucia@gmail.com

Sitio web: www.lucialegorreta.com  

Facebook:  Lucia Legorreta

Verdaderas razones por las que los matrimonios se separan
Verdaderas razones por las que los matrimonios se separan

Cada vez vemos a más parejas que se separan o se divorcian.  Al acercarte a ellas y preguntarles el porque,  la mayoría responden: la cosa no funcionaba…no nos entendimos…mi cónyuge a cambiado…no me dejaba espacio para mi… somos demasiado distintos, o la famosa incompatibilidad de caracteres.

Una de las razones más tristes por la cual un matrimonio fracasa es que ninguno de los cónyuges reconoce su valor hasta que ya es demasiado tarde:   al firmar los papeles de divorcio, repartir los bienes, vivir en departamentos separados, realizan lo mucho que han perdido.

Comparto contigo algunas de las causas reales de estas rupturas, que no quiero decir que son justificables, pero suceden a menudo:

  1. Se busca la propia realización: solo existe la perspectiva del yo, cada uno piensa en sí mismo; se utiliza al cónyuge para realizarse uno mismo,  siendo que el matrimonio es la constitución de algo nuevo en donde no cabe el egoísmo.

  1. No hay conocimiento recíproco: se casan muy jóvenes o con un noviazgo demasiado corto.   Falta fundamentar el amor en un conocimiento mutuo,  ya que en el matrimonio el hombre y la mujer se van conociendo de una forma mucho más realista.

  1. Expectativas exageradas: esperar demasiado del matrimonio, pensar que el noviazgo va a durar toda la vida.     Imaginar que el cónyuge es perfecto, o bien que el casarse puede solucionar los propios problemas familiares o sociales.     Sabemos que la vida en común no es así.

  1. No tener tiempo para estar juntos: es algo que está sucediendo con las parejas actuales:  tienen poco tiempo tranquilo para convivir, dialogar, distraerse, mostrarse afecto.  Viven uno al lado del otro, pero como extraños, sus vidas se asemejan a dos líneas paralelas.

  1. Más hijo/hija que cónyuge: intervienen las familias políticas, la presencia de los suegros es excesiva.  No han logrado ser independientes del padre o de la madre y esto provoca molestias, insatisfacción y pleitos,  cuando el casarte es formar una nueva familia distinta a las de origen.

  1. Falta de conciencia de la diversidad del cónyuge: este es uno de los motivos más comunes y profundos:  no conocer la forma de ser de un hombre o de una mujer.

  1. Falta de comunicación: matrimonios que viven juntos, pero no comunican sus pensamientos, emociones, miedos o metas.   Hablan superficialmente, pero no llegan a lo profundo de su ser.

  1. Faltas de respeto: amor y respeto, no existe uno sin el otro:   gritos, groserías, ademanes, la relación va perdiendo valor.   Si en realidad hay amor, no se hiere a la persona.

  1. Dinero: falta de estabilidad económica. No me refiero a tener mucho dinero, sino a que exista suficiente para vivir adecuadamente y de una forma constante. De aquí la importancia de contar con un trabajo digno y seguro.

  1. Pérdida de confianza: celos exagerados, control con los amigos, la familia, el trabajo daña muchísimo a una relación.

  1. Rutina: hacer siempre lo mismo en diferentes aspectos:  vida diaria, conversaciones, vida sexual, diversiones, etc.   Un buen matrimonio debe luchar contra la rutina.

  1. No perdonar: en la convivencia diaria se viven situaciones constantes que requieren del perdón de uno hacia el otro.    El que no perdona vive lleno de rencores y resentimientos que pueden acabar con la relación.

  1. Abandono moral: ya sea por el trabajo, los amigos, la familia política u otras causas se abandona totalmente al cónyuge, la relación se convierte en una total indiferencia.

Ahora bien, hay razones muy fuertes que llevan a un matrimonio a tomar la difícil decisión de divorciarse:   infidelidad, violencia, alcoholismo u otra adicción, pero estoy convencida que muchas de las causas mencionadas al principio tienen solución y se puede evitar el rompimiento.

Te invito hoy a preguntarte:

         ¿Cómo está mi relación en este momento?

         ¿Soy feliz con él o ella?  ¿Es feliz ella o él conmigo?

         ¿Qué tanto tiempo pasamos juntos?

         ¿Qué puedo cambiar o mejorar con mi pareja?

Recuerda:   ¡todos podemos ser mejores cada día!   El amor no es estático,  sino está creciendo, implica que va disminuyendo.

Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer. cervantes.lucia@gmail.com www.lucialegorreta.com.   Facebook:  Lucia Legorreta

Vacaciones: Una oportunidad de unión familiar
Vacaciones: Una oportunidad de unión familiar

Sin duda, una de las temporadas que producen mayor inquietud en las madres y padres que trabajan, es la de las vacaciones escolares. Y es que aún cuando las han atrasado un poco, el momento llegará pronto.

Ante esto, seamos honestas y respondamos ¿me gusta que mis hijos estén de vacaciones?, o ¿mi preocupación durante el trabajo es mayor sabiendo que están en casa?

A unas semanas de que inicien, hay tiempo de planear la situación. Si tienes posibilidad de dejar el trabajo por unos días, ¡házlo! Las vacaciones pueden ayudar mucho a la familia si están bien organizadas.  Al salir de la rutina, tenemos la oportunidad de relajarnos, convivir y conocer más de nuestros hijos. Para ello, no hay porqué salir a un lugar lejano o caro, lo importante es hacer algo diferente en familia, que guste y divierta a todos.

Si el trabajo no te permite salir, es recomendable buscar actividades para los hijos: cursos de verano, actividades deportivas, clases de música, pintura; o en caso de ser ya adolescentes algún trabajo relacionado con sus estudios que les ayude a mejorar como personas.

Al sugerir una convivencia más estrecha con la familia, es posible que surjan algunas reflexiones como: ¿Qué tanto me comunico con mis hijos?,  ¿Qué tanto los conozco de verdad: sus gustos, miedos, aspiraciones y preocupaciones?, o bien hasta reconocer que son mis hijos, los quiero mucho, pero son lejanos a mí. Parte de estos cuestionamientos se pueden resolver identificando el tipo de comunicación que hay en el núcleo familiar.

La comunicación con mis hijos

La comunicación es un proceso dinámico que hacemos todos los días: comunicamos ideas, sentimientos, pensamientos, emociones. Parece fácil pero, según terapeutas reconocidos, el 90% de los problemas familiares son por  falta de una buena comunicación.

No es sólo transmitir información: ¿Cómo te fue hoy? ¿Qué hiciste?,  Mañana tienes que ir a…  o hacer tal cosa. Es realmente saber decirle al otro lo que piensas o sientes y recibir del otro aquello que siente o piensa.

Existen niveles de comunicación en las familias:

– Nivel superficial: viven juntos pero no coinciden, ven televisión pero no hablan o discuten,  los temas que se hablan son banales: ¿Qué tal el clima? ¿Hay mucho tráfico?; el papá trabaja todo el día, la mamá trabaja ya sea en la casa o fuera de ella,  cada hijo anda por su lado.   No hay unión.

– Nivel intermedio: aparentemente están unidos, a veces comparten conversaciones, consejos y opiniones,  no existe intimidad,  cada quien está en su “parcela”.

 – Nivel profundo: se vive en familia, comparten por lo menos una comida al día, hay reuniones familiares, se escuchan, se ayudan y se tienen confianza.

Nuevamente con honestidad, respondamos ¿Cómo es la comunicación con mis hijos?: superficial, intermedia o profunda. Una vez reconocido el modelo, es posible mejorarlo. He aquí algunos consejos para una buena comunicación:

  • Compartir gustos, aficiones, experiencias
  • Hablar con calma
  • Escuchar primero
  • Estar disponible
  • Que todos opinen
  • Corregir a los hijos a solas
  • Alegría y buen humor
  • Respetar a cada miembro de la familia
  • Dar las gracias y pedir las cosas por favor
  • Ser cariñosos y expresivos
  • Ver poco tiempo la televisión
  • Hablar en positivo, evitar las críticas
  • Celebrar fiestas familiares
  • Organizar excursiones, vacaciones y juegos juntos
  • Comer juntos por lo menos una vez al día

Es importante evitar la práctica de ciertas actitudes hacia nuestros hijos como son: burlas, insultos, amenazas, sermones, discusiones sin sentido, juicios, castigos físicos o morales fuertes,  portazos, gritos, caras largas, groserías, callar al otro, o bien, actitudes de indiferencia o superioridad. Estas acciones sólo harán que nuestra comunicación sea cada vez más difícil y lejana.

Con todo esto, te invito a que aproveches el próximo periodo de vacaciones para acercarte más a ellos, para conocer realmente su forma de pensar y de sentir, y que ellos conozcan la tuya,  para que en lugar de que sea una temporada de inquietud, añoremos esta magnífica oportunidad de unión familiar.

Autora: Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer.

Correo: cervantes.lucia@gmail.com  

Sitio web: www.lucialegorreta.com

Facebook:  Lucia Legorreta

El significado de ser padre
El significado de ser padre

Mucho se ha hablado del equilibrio que tiene que lograr la mujer entre su familia y su trabajo, sin embargo, estoy convencida que la lucha por este equilibrio es también tarea del hombre. Incluso, valdría la pena preguntarnos ¿hasta dónde tiene el hombre asumida su propia misión en la familia?

Antes de continuar, cambiaré las palabras de hombre y mujer, por las de papá y mamá. Hecho esto, diré que en nuestro país seguimos pensando y viviendo el viejo modelo de pareja en la que el papá es el proveedor o abastecedor económico de su familia, y es quien delega funciones, entre las cuales se encuentra el que la mamá sea quien debe educar a los hijos.

Sin embargo, tanto el padre como la madre de familia pueden dirigir su trabajo a robustecer su YO, a tener popularidad, dinero, a amar su profesión por encima de todas las cosas, o realizarlo buscando el bien de su familia.

En este sentido, considero que el trabajo debe estar subordinado a la familia y no situarlos al mismo nivel, ya que el motor del trabajo es la familia, pero el motor de la familia es mucho más amplio, es el amor.

De hecho, importa menos fracasar en el trabajo si la persona continúa siendo admirada y apoyada por su propia familia. En cambio, una vez rota la familia se incrementa la probabilidad de fracasar también en el trabajo.

Esto lo digo porque los hijos necesitan, desde que nacen, el apoyo y apego de su padre. La excesiva presencia del padre en el trabajo, no justifica su ausencia en la vida de familia. Hoy en día, esto es un punto importantísimo y considero que muchos de los padres actuales ni siquiera se han planteado el problema.

Se ha demostrado que la ausencia física del padre puede hacer mucho más daño psicológico a su hijo que la natural ausencia que se produce cuando el padre muere.

Algunas de las consecuencias – estudiadas por expertos- ante la ausencia del padre pueden ser: disfunciones cognitivas, déficits intelectuales, privación afectiva, inseguridad, baja autoestima o mal desarrollo de la identidad sexual

Recuerdo lo que dice Aquilino Polaino, gran psiquiatra y profesor universitario, al señalar que: “algunos de mis alumnos tienen problemas y no los tendrían, seguro estoy de ello, si hubieran tenido el necesario afectivo y efectivo contacto con su respectivo padres varones….en muchos de ellos se advierte el hambre de paternidad, que sólo puede satisfacerla su propio padre”.

También en la Universidad de Valencia se ha investigado al respecto. Ahí se llevó a cabo un estudio entre niños de siete y catorce años, preguntándoles cuáles eran las dos cosas que los hacía más felices; casi un 90% contestó: estar con mis papás y tener hermanos.

Reconozcamos que muchas veces los papás estamos inmersos en el trabajo con la idea de generar bienes materiales, pero nos olvidamos de estar con los hijos, en especial, es el hombre quien se pierde de ese gran valor y satisfacción que da el ser un auténtico padre de familia.

En el matrimonio y en el hogar hay dos cabezas que pueden alternarse, suplirse, complementarse, delegarse, o actuar simultáneamente según convenga a los hijos y a la familia.

Sin duda, más allá de la parte económica lo que realmente nos debe importar es el patrimonio vital, esto es, las vivencias que desde niños guardamos en el corazón y que recordamos por siempre.

De ahí que puede ser interesante preguntarnos ¿Qué nos gustaría que nuestros hijos recordaran de nosotros como padres, de la educación que les estamos dando? O simplemente ¿Qué recuerdos tenemos de nuestro papá?

Si tu respuesta no es tan clara, ahora es el momento de hacer cambios que nos haga replantear el significado de la paternidad, vale la pena intentarlo ¿no crees?

Autor: Lucía Legorreta de Cervantes Presidenta Nacional de CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer. cervantes.

Contacto: lucia@gmail.com

Sitio web: www.lucialegorreta.com

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