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Categoría: Bioética

Esquema de las dimensiones y desarrollo de la persona
Esquema de las dimensiones y desarrollo de la persona

La corporeidad

Las dimensiones de la persona es un termino contemporáneo acuñado por Mounier que quiere expresar lo siguiente: así como un volumen no se puede expresar sin dimensiones, del mismo modo el hombre no se expresa sin sus dimensiones… (corporeidad, intersubjetividad, etc.). Por lo tanto una dimensión debe ser: universal, interdependiente, abarque la totalidad de la persona, inmanentes y trascendentes al hombre.

Emmanuel Mounier expuso en su doctrina diversas dimensiones. El Prof. P. Juan Gabriel Asencio LC en su catedra de antropología destaca las siguientes dimensiones de la corporeidad basándose en los textos de Mounier y de otros personalistas.

  • Corporeidad: El hombre es un ser-en-el-mundo que se relaciona con el mundo a través del cuerpo. El cuerpo es un lugar de encuentro (yo-mundo). El cuerpo es el instrumento y al mismo tiene límite por el cual el hombre crece, aprende y se realiza.
  • Historicidad:  Nace del ser corpóreos, y por tanto materiales, sujetos al cambio y con ello al tiempo. El hombre crece, aprende y se realiza siempre en el tiempo. El hombre puede captar el tiempo objetivamente (reloj) o subjetivamente (“el tiempo pasa volando”).
  • Intersubjetividad:  Nos da el concepto de relación. El hombre es un ser relacional, sin relaciones el hombre no es capaz de desarrollarse, pues es el OTRO quien le enseña a ser hombre y le dice quién es.
  • Sexualidad:Una aplicación intersubjetiva a nivel sexual. La sexualidad no es sólo un dato objetivo. Este dato también se vive subjetivamente, y se desarrolla en ambas vertientes. El adolescente comienza a crecer

subjetivamente. La sexualidad se confirma, culmina en la paternidad (genitorialidad), en la unión hombre-mujer (como complementarios).

  • Culturalidad:Es una aplicación de la intersubjetividad en la sociedad. La cultura nace en las relaciones sociales. Es por ello que hombre siempre crea cultura, por necesidad. La cultura le enseña a ser hombre se una manera concreta.

La constitución psicológica de la persona: la autoconciencia o inteligencia humana

El corazón humano refleja la capacidad del ser humano de dirigir su reflexión hacia sí misma por medio de las facultades más altas como la razón, el sentimiento moral, la libertad, buscando siempre y en todo lugar de su existencia a su causa eficiente, ejemplar y final: Dios su creador. Al ser el hombre la unidad de cuerpo y alma “corpore et anima unus” están manifiestan la relación que existe entre razón y voluntad (potencias del alma) con las facultades corpóreas y sensibles. Por las cuales el hombre se da cuenta de si y de su existencia en la intersubjetividad de su propia persona, es este darse cuenta del propio yo y de su propio destino o finalidad lo que hace al hombre superior a todo lo material, es necesariamente por la autoconciencia abierto a la trascendencia.

Por su espiritualidad el hombre supera a la totalidad de las cosas y penetra en la estructura más profunda de la realidad. Cuando se adentra en su corazón, es decir, cuando reflexiona sobre su propio destino, el hombre se descubre superior al mundo material, por su dignidad única de interlocutor de Dios, bajo cuya mirada decide su vida. Él, en su vida interior, reconoce tener en « sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma » y no se percibe a sí mismo « como partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de la ciudad humana »

 Es por medio de esta autoconciencia que se da por medio de la actividad psíquica que el ser humano se da cuenta de sí mismo y de sus actos operativos. Es a lo que la tradición escolastica ha denominado como «la Reditio Completa »

 La espiritualidad : los derechos del hombre por su Imago Dei

Maritain es uno de los mayores filósofos contemporáneos que ha influido con su pensamiento en documentos tan importantes para la historia de las naciones como la declaración universal de los derechos humanos. La visión antropológica de Maritain es la del hombre como un compuesto de alma y cuerpo, el cual al desarrollarse en la historia personal crea su propia identidad existencial por medio de su actuar libre, orientada su libertad por la razón hacia su propio fin. Son estas tres capacidades humanas: la razón, la libertad y la vocación (misión o finalidad para la cual existe el ser humano) las que hacen a todos los hombres iguales y dignos, encontrándose aquí el fundamento de los derechos del hombre.

 La persona humana la encontramos en las manifestaciones de las dimensiones de la persona, tales como: 1) Personalista (la dignidad de cada miembro de la sociedad trasciende la sociedad misma) en la que el fin es el proceso de personificación del individuo por medio de la perfecta libertad. 2) Comunitaria (el hombre es un ser social por naturaleza) en la que el fin se encuentra en el bien común de la sociedad. 3) Pluralista (para el proceso de personificación se requiere pluralidad de comunidades autónomas) donde la principal y fundamental es la familia, en orden superior el Estado, pero de igual modo existen agrupaciones de asociación libre de envergadura para el proceso de personificación como es la Iglesia para los cristianos. 4) Teísta (Dios como principio y fin de la persona humana) en efecto, es necesario destacar el papel divino como la base y fundamento de la ley natural, como el principio de autoridad y de la convivencia civil, pues solo en Él se comprende la libertad, igualdad y fraternidad expuestas por el evangelio, si bien no es necesaria la creencia en Dios para el reconocimiento de la dignidad humana, sin embargo, sin esta no se puede encontrar el principio y fundamento de dicha dignidad.

Autor: Fernando Nañez Delgadillo

La importancia de la Bioética
La importancia de la Bioética

Nos encontramos en el siglo XXI donde el progreso científico es lo primordial para el ser humano; los avances científicos se encuentran por encima de todo y la globalización en todo rincón. Podríamos decir que nos encontramos en un capitalismo violento desinteresado por el hombre y solo que importa es el dinero y las humanidades van perdiendo el sentido para el mismo ser humano.

Para poder hablar de bioética podremos iniciar desde la ética; y ésta se convierte en la reflexión crítica sobre los valores y principios que guían nuestras decisiones y comportamientos. Pareciera oportuno explicar que la ética ya no es tan valorada en la civilización posmoderna por todo lo que estamos viviendo en estos momentos de crisis de racionalidad llegando al grado de comportarnos como animales. La ética en este sentido propondrá un límite a la persona partiendo desde su dignidad humana; con ello la rescatamos desde la filosofía que deriva la antropología, el personalismo, la ética y la moral.

Ahora que hay cambios modernos y el avance tecnológico está a cualquier precio, llegamos a decir que la vida de la persona no cuesta, no tiene valor y llegamos a tal problema que, en el tiempo de la segunda guerra mundial, los alemanes asesinaron a miles de judíos en las cámaras de gas. Utilizamos nuestras herramientas científicas para asesinar.

El nacimiento de la bioética se debe a estos cambios exagerados que resurgen para si como problemas bioéticos, donde le compete analizar y criticar. Este concepto engloba la disciplina que combina con el conocimiento biológico con el de los valores humanos. Se interesa en las cuestiones de las ciencias de la vida, como por ejemplo el aborto, la biomedicina, la eutanasia, la pena de muerte y sobre el cuidado sanitario, todo se debió a un dialogo antropológico entre la medicina y la ética renovando así una ética médica tradicional.

Podremos llegar a decir que el nacimiento de la bioética de debió al surgimiento de una civilización posmoderna regenerando con sigo el progreso científico y sus principales problemas atendida desde la medicina, pero pareciera un gran cambio económico y tecnológico que llega a un punto de que se convierte en colectivismos o individualismo, tanto como uno y otro son extremos por el motivo que se convierte en un anti humanismo. Actualmente este año 2020 estamos viviendo una enfermedad que se ha vuelto pandemia (covid-19)  y sobre todo el país de México está sufriendo un problema bioético.

Se está presentando una desvalorización del ser humano, donde el dinero para los insumos se convierte en casas lujosas de los mismos gobernadores, dónde el trato es como si fueran animales y en todos los noticieros mencionan un gran numero de marchas por la falta de presupuesto para los doctores y enfermeros y falta de insumos.

La bioética se preocupa por la dimensión moral de la vida humana, su significado de vida (bio) se vive a muerte, así es, la muerte que se genera por el aborto y que muchas personas están a favor, el valor del cuerpo humano y la dignidad de la misma persona han decaído, la sexualidad está transgirversado por culpa de las ideologías de la muerte y las relaciones interpersonales se viven en individualismos, ya no hay una civilización del amor que es una esperanza que muchos esperan.

La civilización evoluciona rápidamente y solo nos queda seguir reconstruyendo una nueva sociedad con la necesidad de recuperar los valores que cimienten toda civilización. La importancia de la bioética es el interés por la propia naturaleza humana, vista desde su plenitud  y una segunda visión es bajo la responsabilidad del trato a nuestra casa común, la tierra. El principio es el respeto al desarrollo que el hombre está produciendo en aumento los recursos que la tierra nos proporciona y sobre todo la defensa de los animales.

Solo depende de ti que no te dejes llevar con las ideologías que van en contra con la dignidad humana porque todo lo que vives se convierte en un dilema bioético, si eres enfermera, doctor o algún especialista de medicina debes de tener un cuidado sobre tu paciente, te debe de interesar sobre el derecho a la salud, pero esta parte no solo son para los médicos, sino para todos.

Como escribe Juan Manuel Burgo en su proyecto humanista, es una dialogización entre antropología y un enfoque personalista desde una existencialidad.

Recordemos: la persona se convierte en el centro de la bioética y que a su vez se convierte en una regularización de la conducta humana en el campo de la vida y la salud bajo los principios éticos, recuperemos todos el valor de la vida humana, juntos construyamos un mundo mejor y guiemos las futuras generaciones. La persona no es objeto, es persona. No somos animales, somos personas de naturaleza racional y espiritual.

Autor: Irving Alberto Torres Menchaca

Elementos a considerar en los cuidados paliativos
Elementos a considerar en los cuidados paliativos

Lo primero que hay que destacar en los cuidados paliativos es el principio bioético de la autonomía de la voluntad del paciente. En efecto, se debe tener en cuenta si el paciente es curable o en cambio se encuentra en una situación de fase terminal ante una enfermedad no curable. En caso de tratarse de una enfermedad curable se le propondrán al paciente los medicamentos que atenúen los síntomas de la enfermedad que causen molestias y dolor junto con el tratamiento para su cura, de ser una enfermedad curable se le propondrán al paciente los medicamentos que atenúen su dolor y darle la opción sobre en donde desea transcurrir los últimos meses de vida, ya sea en la propia casa o en un centro de atención médica.

Son ocho los aspectos a tratar en un buen plan de cuidados paliativos:

1) El manejo de la enfermedad, 2) La atención a los aspectos físicos, 3) Aspectos psicológicos, 4) Aspectos sociales, 5) Espirituales, 6) Asuntos prácticos, 7) Últimos días y 8) Pérdida y duelo.

Para el manejo de la enfermedad es fundamental atender no solamente desde el punto de vista médico sino psicológico la enfermedad del paciente, se le debe de dar la información sobre su caso concreto en donde si es imposible la cura por medio de tratamientos se le deban dar los recursos no solo físicos y médicos para hacer frente a la realidad de su enfermedad, sino también los medios psicológicos para poder sobrellevarla..

En la atención de los aspectos físicos, el médico al saber que la enfermedad es incurable debe establecer un programa en donde se den los medicamentos que disminuyan el dolor según la etapa propia de su proceso, reduciendo poco a poco el estado de conciencia del paciente conforme aumenten los padecimientos.

Sobre los aspectos psicológicos el personal médico de una manera empática debe ir preparando psicológicamente tanto a la paciente como a sus familiares para el trance en el dolor de la enfermedad y en el de la muerte y los sucesos posteriores. Por ello es necesario aunarlo a la dimensión espiritual de la persona y así mismo entablar un diálogo con los hijos o padres buscando su bien psicológico ante la evidencia de la futura falta.

En los aspectos sociales el personal médico debe ver el entorno sobre el que se desarrolla la enfermedad de su paciente, en efecto hay que considerar los aspectos sociales como los amigos, las relaciones sociales con las que habitualmente convivía y buscar un apoyo en todas ellas fundamentalmente en el núcleo familiar para beneficio del paciente.

En la atención espiritual la persona practicante requiere unos cuidados necesarios para la atención de su alma según la propia fe religiosa o las convicciones éticas, las cuales siempre deben de ser proporcionadas en la medida de las posibilidades.

El personal médico y la familia deben asegurarse de los asuntos prácticos que puedan surgir, haciendo previsión al posible estado de inconciencia en el que se encontrará el paciente en el  futuro. Tal es el caso de pedir su última voluntad y arreglar el testamento si así lo desea la persona.

Es fundamental ofrecer un espacio en los últimos momentos a los seres queridos y al personal médico para poder despedirse de la paciente con el objetivo de conservar un buen recuerdo que si bien es doloroso, es muy beneficioso para los familiares de la paciente.

El médico como bien dicta el juramento hipocrático, al pasar el umbral de la puerta de los hogares se vuelve con el tiempo parte de la familia, por ello debe estar presente y ayudar en el dolo de los familiares de sus pacientes y despidiéndose él mismo de su paciente.

Autor: Fernando Nañez Delgadillo

Vacuna contra el COVID-19: ¿asumiremos el riesgo de acelerarla?
Vacuna contra el COVID-19: ¿asumiremos el riesgo de acelerarla?

Es evidente que todos, a nivel mundial, clamamos por que los científicos encuentren, lo antes posible, una vacuna que prevenga de contraer la enfermedad del siglo que tantos estragos ha provocado en la vida de los países. Sin embargo, la urgencia de detener los contagios nos puede llevar a cometer atrocidades de las que, después, nos podamos arrepentir.

A nivel ético y bioético, existe el principio de precaución que nos exhorta a que, ante acciones, tratamientos, terapias o cualquier intervención sobre la que no conozcamos sus efectos secundarios ni consecuencias, lo mejor es no realizarlas. De igual manera, existe otro principio que es el de proporcionalidad que consiste en medir los riesgos y los beneficios de una determinada acción y si los primeros no sobrepasan los segundos, entonces proceder a actuar.

Tomando en cuenta estos dos principios conviene preguntarnos si estaríamos dispuestos asumir los riesgos de comercializar una vacuna que lo mismo puede curar o dañar.

Consideremos que, el desarrollo de una vacuna, pasa por tres etapas:

  • De exploración: aquí se empiezan a descubrir los antígenos naturales o sintéticos que pueden servir para la fabricación de la vacuna.
  • Preclínica: estos antígenos se comienzan a probar en animales, generalmente ratones, para observar cuáles podrían ser algunas de las reacciones en humanos.
  • Clínica: esta etapa a su vez se subdivide en tres: a) fase I en donde se estudia la seguridad de la vacuna aplicándosela a un grupo no mayor a 100 personas sanas y que, por ende, no sean poblaciones de riesgo, b) fase II en donde se prueba la vacuna en un grupo mayor de personas y se introducen grupos placebo con la finalidad de comprobar si la vacuna es eficiente o no y c) fase III donde se aplica a un grupo mucho mayor de individuos con inclusión de grupos de riesgo y poblaciones vulnerables, esto para comprobar tanto la seguridad como la eficacia en poblaciones de riesgo y ver si se comporta igual que en poblaciones sanas.

Si queremos obtener un resultado de una vacuna que sea segura y que además provoque los anticuerpos precisos para combatir una infección por coronavirus, tendríamos que someternos a los tiempos de cumplimento de estas fases, que, normalmente duran entre 10 y 15 años. Provocar el adelanto de los resultados sólo por la urgencia de sacar la vacuna nos llevaría a saltarnos alguna de estas fases y arriesgar la vida de aquellos sujetos que decidieron contribuir a esta experimentación y hasta provocar daños irreparables con el comercio de la misma.

Hay que tener presente que, internacionalmente, existen documentos que regulan las investigaciones y experimentaciones con sujetos humanos para brindarles la máxima protección posible.. Basta recordar los experimentos cometidos con los presos en los campos de concentración Nazi por del Dr. Mengele que fueron verdaderos actos de terror o la triste historia del experimento de Tuskegee en Estados Unidos donde más de 600 sujetos fueron inoculados con sífilis con el propósito de observar la evolución normal de la enfermedad hasta la muerte de la persona.

Así las cosas, si por principio de precaución se debe proteger a la persona de actos que le provoquen un daño y por principio de proporcionalidad se le debe resguardar de aquellas acciones que produzcan más riesgos que beneficios, quizá sea más seguro por ahora y por los meses que están por venir, atenernos a las máximas indicaciones de seguridad y protección de contagios que presionar al gobierno de cada país y a los organismos internacionales a sacar una vacuna al mercado que, sabemos que, de no pasar por las fases y los tiempos establecidos, podrán producir otros efectos adversos que, pudieran, incluso, ser más mortales que el mismo coronavirus.

Autor: Dra. Marieli de los Rios Uriarte

Hacia una solidaridad universal
Hacia una solidaridad universal

Nadie se salva solo. Esta sentencia parece estar recorriendo nuestras mentes y corazones desde el inicio de la pandemia del coronavirus y, sin embargo, las medidas de contención obligan a estar solos, confinados en casa, en el mejor de los casos rodeados de la familia y, en el peor, en la soledad que desgarra.

¿Cómo resolver esta contradicción entre la necesidad de los otros y la obligación de aislarnos de ellos? Quizá haya que echar mano de un nuevo concepto que ha estado surgiendo en las conversaciones de los dirigentes de diversos países y de los organismos internacionales: una solidaridad universal.

Estar cerca del otro no necesariamente conlleva una cercanía física, lo hemos descubierto con el uso de las tecnologías que nos acercan y hasta nos permiten pasar un cumpleaños virtual con muestras de cariño que, quizá de forma presencial, no hubiéramos podido sentir. El estar en casa obliga a estar en las pantallas, es decir, no hay pretextos para no estar, para ausentarse, para evadir las llamadas, los compromisos, la responsabilidad. Estas en casa y tienes tiempo, de hecho, todo tu tiempo está disponible, a veces debatiéndose entre las obligaciones laborales y las necesidades familiares pero de que hay tiempo, eso, nadie lo puede negar.

La nueva solidaridad que proponen tendría que trascender la capacidad de estar físicamente tal como lo hemos trascendido todos desde hace varios meses, encontrar la manera de atender las necesidades de los otros –sin olvidar las nuestras- desde las trincheras de las nuevas tecnologías y de la distancia social, que no emocional.

Ante la constatación del fracaso de los sistemas gubernamentales y del colapso mayor o menor de los sistemas de salud mundiales, muchos se han cuestionado sobre la posibilidad de recurrir a un nuevo orden con una nueva gobernanza mundial que, entre otras cosas, dictara los procesos de protección de la salud de las poblaciones a nivel mundial.

Profesora e investigadora de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac México.

Pensándolo a fondo no parece una mala idea considerando que una voz líder creíble y confiable, digna de seguirse por su congruencia personal y rigurosidad científica hubiera sido deseable hace varios meses, no obstante, el riesgo de centralizar las leyes y darle univocidad implica asumir el deterioro de las libertades individuales, de las democracias particulares y de la vida en común según los contextos culturales de cada país.

Ahora bien, tal vez haya que pensar esa nueva gobernanza mundial no como una persona o grupo de personas si no como un precepto: el llamado urgente a la solidaridad.

Después de constatar que lo que afecta en un lado del planeta termina por afectarnos a todos y que, en realidad y a pesar de los ideales de la modernidad, no existen las razones individuales si no los sentires comunitarios, repensar nuevas formas de vivir después de la pandemia, será incorporar a nuestros hábitos y modos de vida la actitud solidaria de saber estar más allá de las barreras físicas.

La indiferencia, el egoísmo y el odio no pueden seguir siendo los cánones que rijan la vida postpandemia, hay que dejarles paso a la compasión, a la generosidad, a la preocupación por el otro y a la atención solícita de todos y cada uno de los que habitamos la Casa Común.

Esto no significa destruir la vida política de cada país ni suplantar las autoridades locales, si no más bien, abrir la posibilidad a crear políticas públicas que tengan un enfoque mundial en donde todos los gobiernos se sientan comprometidos no ya por el bien de su país y de sus ciudadanos si no por el bien del mundo y de todos.

No hay cabida para delinear fronteras, la pandemia ha dejado claro que esto no sirve más que para generar motivos de guerra y destrucción, es necesaria una acción global que no sólo frene esta crisis mundial si no que prevenga otras que pueden acontecer en un futuro.

No hay tiempo para discutir de quién es la cura o quién sacará primero la vacuna, lo que urge ahora es trabajar por el bien común y esto exige la renuncia a la fama y a las riquezas, tan perseguidas en nuestra época posmoderna, y velar, más bien, por la satisfacción de sentirnos hermanados en el sufrimiento pero salvados por la solidaridad universal.

Autor: Dra. Marieli de los Rios Uriarte

Un dilema bioético Fernanda y Rodrigo: el retrato de una realidad
Un dilema bioético Fernanda y Rodrigo: el retrato de una realidad

Autor: Jazmín Jhovana Serrano Bobadilla

En el presente artículo se abordará el dilema bioético analizado por la Facultad de Medicina Clínica Alemana – Universidad de Desarrollo, a saber, sobre el proceso cronológico del embarazo interrumpido en la semana veintiuno por parte de Fernanda y Rodrigo, quienes, debido a las alteraciones cromosómicas sufridas por el feto, la vida sería nula y de sumo riesgo para la existencia de Fernanda.

La propuesta realizada por dicha universidad desde la bioética narrativa , que dicho sea de paso propone un caso a través de una opción interpretativa, es decir, que relata la historia, y parafraseando a Mauricio Beuchot , éste dirá que, al desplegar mundos a través del lenguaje, entonces, tenemos la posibilidad de interpretar, creando un referente que impida relativizar, por tanto la bioética narrativa puede ofrecer un medio para ilustrar y reflexionar en este caso el mundo de Fernanda y Rodrigo.

Ahora bien, este dilema bioético será analizado desde la ética moral, la cual permitirá ahondar en la importancia del bien mayor para las personas implicadas, partiendo de la premisa de la conservación de la vida, tanto de Antonia, como de Fernanda, así como de las decisiones que conjuntamente tienen ésta última y Rodrigo.

Específicamente, me propongo argumentar desde la perspectiva aristotélica de la obra: “Ética Nicomaquea” , libro dos, el tema de las virtudes, las cuales transforman el modo de actuar del hombre, permitiendo conformar una estructura sólida de sus principios, lo que coadyuvará en una base de soporte para abordar el elemento central de este ensayo, a saber, el concepto de libertad, lo que representa la base medular del actuar riguroso del ser humano desde lo moralmente correcto. A así mismo, es importante resaltar que como elemento fundamental de tal dinamismo está la autodeterminación, elemento constructor de un círculo virtuoso junto con la libertad, el cual me permitiré abordar desde el texto de “Ser persona: Diversas perspectivas” , integrado por Hilda Patiño y Teresita Sevilla, investigadoras de la Universidad Iberoamérica.

Y finalmente reforzaré mi argumentación con la recuperación del humanismo, evidenciado en el texto De la muerte del hombre a la rehabilitación de la persona; trazos a una respuesta no pedida al antihumanismo contemporáneo en la visión de karol Wojtyla , el cual propone desde una integración de autores contemporáneos, la fuerza y valor de que la libertad puede vivirse desde el acto del amor.

Incorporando un “co-obrar”, es decir, obrar junto con otros, de tal suerte que la autodeterminación, conlleven a la libertad, para actuar desde el amor con imparcialidad y respetando la dignidad de la persona. Dichos elementos de reflexión pueden integrarse en el reconocimiento de la propia trascendencia, pues ante las decisiones evidenciadas desde la libertad, es posible el bien vivir, como finalidad suprema del acto moral.

En el libro segundo de la Ética Nicomaquea de Aristóteles, el autor menciona lo siguiente:

“[…] debemos examinar lo relativo a las acciones, como hay que realizarlas, pues ellas son las principales causas de la formación de los diversos modos de ser, como hemos dicho. Ahora bien, que hemos de actuar con la recta razón es comúnmente aceptado y lo damos por supuesto (luego se hablará de ello y de que es la recta razón y como se relaciona con las virtudes). “.

Sobre tal capítulo, Aristóteles plantea la importancia de actuar desde la recta razón, evidenciando que el razonamiento representa una parte elemental en la importancia de realizar con firmeza una acción, dicho de otro modo, formándose en las virtudes es como el hombre no solo realiza actos buenos, sino que da lo mejor de sí, para tal efecto requiere de un ejercicio constante de reflexión y práctica, que conllevan a un comportamiento razonado y justo, el cual es nombrado como virtud o virtudes.

En este sentido, la templanza y la valentía representan una interesante reflexión aristotélica que permite reconocer la valía e importancia de la toma de decisiones que fueron cumpliendo los padres de Antonia.

En el presente caso no se describen los modos de vida, tanto de Fernanda y Rodrigo, sin embargo, el texto hace la alusión de que, a través de los actos, es decir, los cuidados físicos de Fernanda, la rigurosa asistencia al médico, la reflexión sobre los cometarios del médico, se busca la conservación de la vida de su hija, así como el de mantener en el mejor estado físico de la madre.

Ahora bien, me permito retomar primeramente el concepto de templanza, pues desde esta virtud el ser humano introyecta su razonamiento ético para actuar, pues ante la frase aristotélica <>, los personajes del dilema se enfrentan a esa búsqueda del equilibrio físico de Fernanda y, por otro lado, la mesura de Rodrigo, fortalece la seguridad de ésta, lo que conlleva una decisión que encamina a los cuidados y disciplina por salvaguardar la vida de Antonia.

De igual modo y en relación a la virtud de la valentía, el hombre temperante será capaz de acometer una empresa arriesgada, con un alto grado de temor, pero manteniendo todo acto desde los justo y moderado. Por ello es que frente a la desesperanza de vida que indican los estudios médicos, tanto de la pequeña Antonia como de su madre Fernanda, sólo un acto de valentía puede soportar el peso de abortar la vida de su hija.

Aun cuando la premisa de mantener la vida es un acto de proteger la conservación de la especie, Aristóteles considera también la razón como elemento superior del ser, pues, buscará que haya una consecución entre los actos humanos y lo bueno. Así, pues, el hombre virtuoso buscará por antonomasia entre lo más bueno, lo mejor, es decir, la vida que lo llevará a la plenitud.

Es decir, la búsqueda del hombre sí está encaminada a encontrar la felicidad, sin embargo, es la búsqueda por la perfección o plenitud la que dará más frutos al ser que lucha por equilibrarse a través de la razón, con actos más justos y que han sido medio de perfeccionamiento para elegir mediante la libertad.

Ante tal dilema, la vida, es a lo sumo la constante de reflexión, y el acto razonado de cómo actuar. Ante esto Aristóteles menciona lo siguiente:

Es por tanto, la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que se decidiría el hombre prudente. […] Por eso, de acuerdo con su entidad y con la definición que establece su esencia, la virtud es un término medio, pero, con respecto a lo mejor y al bien, es un extremo.

Por lo tanto, el ethos, es decir, el modo de comportarse de ambos personajes reflejan una ética moral equilibrada, pues, desde el planteamiento aristotélico, su modo de actuar, los lleva a un razonamiento sobre salvar la vida del feto en un primer momento, proponiendo un referente de lo mejor, hasta el nacimiento, a pesar del riesgo de la propia madre, sin embargo, la lucha se encamina a la búsqueda de un bien mayor o lo mejor, esto es, salvar la vida de la madre o la vida de su hija Antonia, pese a que según los estudios sería sumamente corta.

Aunado a la sencilla reflexión aristotélica, me permito integrar una breve reflexión en torno al autoconocimiento y su elemento de la soledad, puesto que en ello se juega La responsabilidad de la libertad en la relación conmigo y con los otros . Por ello, Hilda Patiño y Teresita Sevilla señalan que es poco probable contestar de forma sencilla la siguiente pregunta: ¿Quién soy?

Ante tal pregunta, no es posible ofrecer una respuesta sencilla, breve y fundamental, sin embargo, un medio al cual pocos accedemos para responder es desde la propia soledad, la cual permite interiorizar en harás de orientar la conciencia de lo que deseamos, pensamos y sentimos.

Para tal efecto de reflexión, la interiorización y autoconocimiento, jugaran una completa estreches para que por medio de la soledad se nutra una introversión razonada: Una vida sin examen, no tiene objetivo vivirla para el hombre.

En relación a esta afirmación socrática, la autora discute: […] la reflexión sobre uno mismo es fundamental para quien busca desarrollar sus facultades y su propio potencial. Con base en ella podemos establecer, por ejemplo, si nuestra conducta es correcta o incorrecta .

La autora fortalece su argumento, retomando lo dicho por Agustín de Hipona, integrando una definición de la bueno y lo malo, que podría identificarse desde el campo ético como lo correcto o incorrecto; es decir, el mal no existe, es ausencia de bien, es decir, a través de la razón pueden crearse los contrapesos que equilibren las elecciones erróneas, es decir, tendrá orden en sus decisiones, por lo tanto el propio amor ordenado será pieza clave para elegir con libertad la mejor decisión de vida.

La importancia de integrar el elemento de la soledad en el autoconocimiento permite iniciar una breve reflexión ante la realidad de vivir en ciertos momentos la falta de acompañamiento, no necesariamente porque en este dilema suceda fielmente, sin embargo, toda persona en el momento propio de tomar decisiones se encontrará solo para elegir, luego entonces, sucederá que si se encuentra en relación con el otro, encontrará el apoyo que requiere para reconocer en sus actos, aquello que se considera en la reflexión individual como bueno, que, para el caso de Fernanda y Rodrigo es fundamental como pareja y padres de Antonia, así como un acto de amor en función del orden que para ellos refiere salvaguardar la vida la Antonia, pero analizar que el mayor bien es la vida de Fernanda.

Ahora bien, ante el caso de Fernanda y Rodrigo, es importante rescatar que ambos desde su propia perspectiva tienen sentimientos de temor, pero el dialogo salva la decisión tomada, primero, por su propio ejercicio reflexivo, y segundo, por el consenso con el otro que le permite ir avanzando en el camino.

Por tanto, rescatando la frase agustiniana y fortaleciendo la importancia de integrar la soledad como elemento que abona en favor de la libertad, es entonces valioso señalar que, ante el acto de buscar un orden a las cosas, es voluntad primordial elegir un acto moralmente bueno. Por ello es que a partir de la reflexión que realizan Fernanda y Rodrigo sobre las condiciones médicas de su hija y la información con la que cuentan puede darse la decisión libre, a saber, el cuidado riguroso de la vida de Fernanda para rescatar la de Antonia, de tal suerte que les permita recibirla para despedirla de una condición de salud incompatible con la vida.

Como podrá notarse los elementos antropológicos superiores del ser, repercuten directamente en la acción, para que tal efecto se cumpla, es esta autodeterminación, de lo íntimamente individual que las decisiones abordarán lo bueno, lo correctamente encaminado a optar por una decisión que plenifique la vida propia y de los otros.

Por tanto, resulta crucial demostrar madurez para reconocer lo bueno como acto moral que lleven al pleno uso de la libertad, en el entendido de que lo espiritual está por encima de lo material. Pues, tan bueno es considerar valiosa la vida de Antonia, pero, juega como referente la beneficencia de la madre, por lo tanto, el orden o lo bueno expresados por Fernanda y Rodrigo, respecto de la lucha que entablan para mantener la vida de su hija hasta la mitad de la gestación, permite dilucidar que el acto de abortar a su hija integra también el bien para ambos pero sobre todo es de Fernanda. Ahora bien, exponer la vida de Fernanda, se caería en el desorden, pues, la elección de la libertad de la cual fuimos dotados nos permite identificar el bien como supremacía, por ende, actuar en consecuencia es buscar la trascendencia por un bien mayor.

Es también desde la experiencia cómo las personas determinan su actuar con cada acto moral, y ésta deberá tender a hacer el bien y evitar el mal , cabe destacar que el autor evidencia que cualquier persona en su sano juicio optará por el bien, sin embargo, la diferencia radica en la concepción que cada individuo tenga de la <>.

En el caso concreto, la investigación demuestra que ambos personajes resuelven y deciden desde una conciencia buena, al grado de tratar de salvaguardar la vida hasta lo más posible, es decir, su actitud no atiende a un pragmatismo que, si bien pudo ser la “solución” desde muy iniciado el embarazo, sino determinan mediante una postura personalista, buscar la salvación de su pequeña, este volver y mirar siempre a la persona para abstenerse de lo pragmático que indicaba que no había futuro.

Es importante rescatar a la persona en su actuar, interiorizando en la búsqueda de salvar la vida de otra persona, siendo que en ello, debe tomar la decisión de interrumpir un embarazo, pero manteniendo en el centro la dignidad como bien supremo: Por ello cuando el ser humano participa en un esfuerzo junto con otros, es importante que su participación esté mediada por su aceptación libre y basada en las exigencias de su dignidad .

Por tanto, la decisión de abortar, por un lado, está soportada por el análisis médico que es diagnosticado de forma oportuna, a ello responde un primer momento de actuar con moralidad y responsabilidad, es decir, integrando las evidencias que demuestran un riesgo con pocas posibilidades de salir avante con la vida del feto; por otro lado, la moralidad del actuar por parte de los padres frente a este acto, se responde con amor.

En otras palabras, es mediante la libertad, constituida por la autodeterminación, en donde ambos actores imprimen su subjetividad y su moralidad al proteger la vida de Fernanda.

A la luz del amor que se ofrece como dato, la realidad se articula de modo inmediato en un ordo amoris que ubica todos los bienes en función del bien que por vía de su efusividad intrínseca y voluntaria se presenta como el mayor de ellos. El amor en su sentido más radical no consiste en que la persona entregue un bien, sino, principalmente, en que ella misma se entregue con toda su perfección intrínseca como bien.

El futuro de la bioética
El futuro de la bioética

La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la pluralidad y por el relativismo.

Estos hechos, heredados al siglo XXI, presentan en la actualidad una crisis de la razón y un aumento de la heterogeneidad cultural y religiosa. De un sistema bastante homogéneo en épocas anteriores, se pasó a un sistema donde la tolerancia y el respeto a la pluralidad han tomado el primer plano, y tanto en la vida moral, política y creencial, hemos pasado a múltiples códigos, que nos sirven para resolver sin problema cualquier tipo de cuestionamiento, porque siempre habrá una puerta que nos dé la razón. El relativismo es la norma. Sin embargo, saber si se está en un error o en lo correcto, ya no es tan fácil como en el pasado. Por lo tanto, se hace necesario establecer diálogos y discusiones entre grupos bien preparados, que logren orientar el futuro de la raza humana.

Por otra parte, tan complicado como hacer un diagnóstico clínico, comunicar una decisión trascendental a un paciente, aplicar o no un nuevo tipo de tratamiento o influenciar para que los padres acepten una medicación para sus hijos, es tomar una decisión ética sobre diversos aspectos de la vida de los seres humanos. En cualquiera de estos casos, los actores principales deben prepararse adecuadamente para poder tomar la decisión correcta.

Al hablar del futuro de la bioética, debemos tomar en cuenta que en el mundo moderno cada día es más evidente la democracia participativa, en la que existen sectores muy contradictorios, y que muchas veces, algunos de esos sectores son los que crean las leyes de los diferentes países. Por consiguiente, la forma de ver los problemas no es igual en todas las sociedades.

Ante este panorama, a la bioética le corresponde crear cátedras universitarias, hacer foros de discusión y velar porque se establezcan permanentemente grupos bien preparados e interdisciplinarios, donde se discutan los puntos clave del desarrollo humano. Igual de importante será hablar de los nuevos tipos de fecundación, como de los problemas de la tala de árboles, de la contaminación del planeta, de la ingeniería genética, de los animales de experimentación, y de la seguridad del uso de los alimentos transgénicos.

La única forma que el hombre tendrá de llegar a conclusiones valederas que lo hagan avanzar por un camino seguro (porque con las perspectivas actuales el progreso humano no está garantizado), serán las discusiones bioéticas y pluralistas que se lleven a cabo entre científicos, abogados, ecologistas, genetistas y representantes de otras ramas del conocimiento, respetando en todo momento los credos personales, la cultura y la sicología de los diferentes grupos raciales, así como la legislación interna de cada país.

Es muy fácil escabullir las preguntas difíciles y no pensar ni siquiera en ellas, pero los bioeticistas no deberán rehuir los grandes desafíos del momento, y no les quedará otra alternativa que asumir el reto y discutir los problemas de la humanidad presente y futura. En la mayoría de los casos, la bioética no tendrá la solución final a los múltiples problemas complejos, pero sí será la brújula que indicará el camino a seguir dentro de un bosque complicado de argumentos válidos.

 Es por eso que puedo afirmar que siempre buscará el bien común tomando en cuenta la opinión de expertos, ya que algun dia esta disciplina podría salvar al mundo, por mas raro que suene…

Autor: Alexis Félix Álvarez

“Querida Amazonía”: los sueños del Papa Francisco
“Querida Amazonía”: los sueños del Papa Francisco

El pasado miércoles 12 de febrero se dio a conocer el documento final escrito por el Papa Francisco sobre los resultados del sínodo de la Amazonía. Las reflexiones finales se encuentran recogidas en la exhortación “Querida Amazonía” y versan sobre cuatro visiones  que propone el Papa y que narra a modo de sueños con el sello específico de haber sido orados y reflexionados desde el discernimiento comunitario y que, por ello, si bien es él quien los propone, no son suyos si no del Espíritu que ilumina los corazones de todos los fieles y, especialmente, de esas comunidades indígenas.

Los cuatro grandes sueños que Francisco propone, fruto de su discernimiento, son: el sueño social, el sueño cultural, el sueño ecológico y el eclesial.

Del sueño social se desprenden la actitud de indignación que surge cuando se constatan las reiteradas injusticias cometidas contra quienes habitan y han habitado originariamente el territorio y a quienes se les ha despojado de su riqueza familiar, social, comunitaria y cultural.

Sólo promoviendo la defensa de los más débiles mediante el sentido de comunidad y la práctica de la fraternidad y del diálogo social avanzaremos hacia la recuperación de la dignidad de cada persona y de cada territorio.

El sueño cultural invita, por su parte, a una cultura del encuentro, tan presente siempre en el pensamiento del Papa desde el inicio de su pontificado. Sólo el encuentro fraterno y abierto permite recuperar la cultura original que da sentido de vida e identidad, pero este encuentro intercultural necesita la apertura solidaria a dejarse enriquecer por lo “otro”.

Este sueño, es, por lo anterior, la propuesta contraria a la globalización y al paradigma tecnocrático que pretende anular lo diverso para alentar el consumo de lo igual.

El tercer sueño, el ecológico parte de la necesaria interconexión entre todo lo creado en donde el ser humano es, también, creatura que tiene el deber de cuidar de la casa común y permitir que, cada creatura, pueda llegar al fin para el que ha sido creada y que no es ella misma. Lo mismo para el ser humano, su fin, no es él mismo si no Dios que le ha dado su existencia gratuita y por puro amor.  Por esto, la relación que debe existir entre la persona y su ambiente debe ser de sumo respeto, procuración y sobre todo, contemplación.

La actitud, pues, que acompaña este sueño es la contemplación entendida como la capacidad de profundizar en la belleza natural del cosmos que supera la mirada superficial y frívola de la simple productividad.

Finalmente, el cuarto sueño, el eclesial propone “nuevos testimonios de santidad con rostro amazónico”[1]. Lo anterior significa encontrar nuevos caminos para la Iglesia en esa región, desafíos que comprometan la acción de todos, laicos y religiosos que entiendan que lo que distingue a la acción de la Iglesia es el esencial kerygma, es decir, el anuncio del infinito amor de Dios por cada uno y, de modo preferencial, por los más pobres y débiles, de modo tal que, se encuentren nuevas formas de inculturación de la liturgia donde lo más importante no sea el distractor de los signos y símbolos propios de cada cultura si no la tarea siempre renovada de encontrar, aún en esos símbolos y formas, modos de anunciar el amor de Dios.

Por lo anterior, la exhortación nos invita a mirar y mirarnos de nueva cuenta: a mirar a nuestro alrededor y advertir la grave crisis medioambiental que no está separada de la crisis social y que nos interpela a, mirarnos a nosotros mismos y descubrir a qué estamos llamados. Nuevos caminos se avecinan, ¿estamos preparados para transitarlos?

El principio de vulnerabilidad en Bioética
El principio de vulnerabilidad en Bioética

Todos los seres humanos somos vulnerables, es decir, en función de nuestra condición humana el límite, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte se asoman a nuestra existencia de manera veraz y constatable, por ello conviene partir de esta hecho para abordar los fenómenos que ameritan consideraciones bioéticas.

Así, podemos hablar de dos tipos de vulnerabilidad humana:

  • Vulnerabilidad antropológica: propia de la condición humana y UNIVERSAL, es decir, común a todos los seres humanos sin distinción alguna. Esta es la que nos pone en la antesala de la muerte, enfermedad, corrupción, dolor, sufrimiento, límite. Se manifiesta, también como la constatación del fracaso y el no cumplimento de expectativas.
  • Vulnerabilidad social: pertenece a la situación histórica, el ambiente, nuestro entorno, condición social y económica, sexo, etc. También va directamente relacionada a la disponibilidad y accesibilidad de recursos, a los prejuicios y creencias existentes etc.

Así, como vemos, mientras que la primera no depende de nosotros si no que es parte de nuestra existencia fenomenológica, la segunda pende de nuestras acciones y nuestras decisiones, por ende, ésta puede ser reversible poniendo las condiciones necesarias para disminuirla o erradicarla.

De igual modo, hay que distinguir entre ser vulnerable y ser vulnerado, es decir, la primera es ontológica pero no implica, necesariamente, el hecho de haber sido vulnerado, mientras que la segunda implica ya la primera más el daño provocado y sufrido. No siempre lo que es vulnerable termina siendo vulnerado aunque lo primero lo pone en mayor riesgo de ser lo segundo.

Existe, incluso, una tercera vulnerabilidad que es cuando dándose la antropológica y la social, además, la persona se encuentra sin recursos para hacerle frente a ambas, esto es cuando carece de los recursos, medios, opciones para defenderse, para salir delante de la situación que le ocasionó daño o para sobreponerse a las dificultades sufridas; esto conforma, pues, un mayor nivel de sufrimiento que debe ser valorado especialmente por quienes se acercan a los casos desde la Bioética.

Es por lo anterior que en el año 1995 surge el Proyecto BIOMED II ”Basic ethical principles in European Bioethics and Biolaw” que pretendía rescatar cuatro principios básicos: autonomía, integridad, dignidad y vulnerabilidad consagrados en el año 2000 por Rendtorff y Kemp en la Declaración de Barcelona. Con esto se quería hacer notar la condición de vulnerabilidad de los pacientes como agravante de la complejidad de los casos y alertar a la comunidad internacional sobre la especial protección que debía otorgárseles a todos pero especialente a quienes sufrieran una segunda o triple vulnerabilidad por su condición, raza, etnia, idioma, color de piel o grupo social y porque carecían, además, de recursos para su defensa y resistencia.

De igual modo, el principio quedó consagrado en la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos en el artículo no. 8: “Al aplicar y fomentar el conocimiento científico, la práctica médica y las tecnologías conexas, se debería tener en cuenta la vulnerabilidad humana. Los individuos y grupos especialmente vulnerables deberían ser protegidos y se debería respetar la integridad personal de dichos individuos”.

Así, resulta imperativo para la Bioética analizar las distintas condiciones que pueden afectar la vida, salud, recuperación o procesos clínicos de los pacientes atendiendo con solitud al principio de vulnerabilidad pues de esto dependerá el éxito o fracaso de las acciones médicas enfocadas a restaurar la salud de las personas.

Autor: Dra. Marieli de los Rios

Clonación: Experimentación y Repercusiones
Clonación: Experimentación y Repercusiones

La clonación comenzó a ser un tema a debatir a partir del logro de la primera de un ser vivo, cuando se dió la noticia de que una oveja nombrada Dolly había sido clonada con éxito fue que comenzó la polémica en decidir si continuar con las experimentaciones hasta llegar a ser una realidad en seres humanos, claro que antes de este gran acontecimiento la pregunta ya se planteaba pero al no haber ninguna prueba contundente de ser posible en todos los sentidos se encontraba en segundo plano.

Las repercusiones de este experimento se han visto reflejadas en todos los ámbitos, aunque con mayor impacto en el científico y el ético claro está, las opiniones dadas por expertos, comentaristas, figuras públicas o en general de cualquier persona resaltan por la gran imaginación y falta de clarificación, esto solo se puede resolver volviendo un poco atrás para realizar un análisis de los principios y las repercusiones éticas que este hecho que parece sacado de una película de ciencia ficción puede tener.

La clonación se realiza a partir de la obtención de las células somáticas de un ser vivo, los primeros intentos lograron la creación de un renacuajo partiendo de los núcleos de las células embrionarias en sustitución del núcleo original pero el organismo no lograba sobrevivir por mucho tiempo, esto debido a que dichas células perdían por completo su capacidad de ser pluripotenciales por lo tanto el desarrollo y la morfogénesis no eran posibles.

Los primeros acercamientos exitosos se dieron cuando se acordó que la manera más rápida para la clonación era por medio de la fisión embrionaria, esto no es más que las división de un embrión de pocas células que al ir dejando células se produce un adulto completo, esta ciencia fue muy criticada al ser empleada en humanos en el experimento Hall y Stillman en 1993 donde se tomaron de dos a ocho células sobrantes de 17 embriones in vitro, lo particular de los embriones es que eran el resultado de un óvulo fecundado por tres espermatozoides por lo tanto no eran viables y se consideraban como desecho, los resultados fueron considerados como exitosos pero al ser realizados con embriones no viables la experimentación no fue válida en seres humanos.

La clonación ha tenido repercusiones muy grandes en el ámbito científico, principalmente por el hecho de que no fue permitido continuar con las experimentaciones en seres humanos, limitando el conocimiento de los genetistas, que aunque cada día conocen más sobre los genes, el conocer a profundidad el funcionamiento celular a nivel embrionario es cada vez más complejo haciendo de la clonación humana cada día algo más lejano.

Otro factor importante por el cual la investigación se ve interrumpida es por las cuestiones éticas, por el momento solo se ha realizado la clonación en la ganadería pero los expertos afirman que en un par de años con más investigación lo mismo se podría realizar en los humanos, y no con un fin de ciencia ficción. La ética ataca principalmente a la disminución de la biodiversidad de especies animales clonadas, los grupos serían homogéneos al ser creados en un laboratorio y quitar ese factor único y de sorpresa que la naturaleza da, esto mismo se puede dar en la clonación humana arrebatando así algo de lo más importante para toda persona, su autenticidad. Aún más al hablar de clonación humana se habla de algo innecesario e incorrecto, pues esto no otorga ninguna aplicación clínica; al pretender recuperar a un ser querido fallecido por medio de la clonación no estarían haciendo más que recrear una imagen visual y fisiológicamente de la persona en cuestión, los pensamientos y personalidad no se logran conservar en la clonación, quitando así lo que realmente hace a un ser vivo valioso por sí mismo. Por estas razones es que la clonación está prohibida por el derecho europeo, aunque no en Estados Unidos, pues no se puede prohibir un acto que no es probado ser nocivo, pero si se retiró todo tipo de financiamiento en la materia.

Autor: Paula Regina Sumarán Tovar