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Etiqueta: Animales

Double Standard: La desigualdad de la que todos quieren, Un vistazo a la otra cara de la moneda
Double Standard: La desigualdad de la que todos quieren, Un vistazo a la otra cara de la moneda

Autor: Luis David Suárez de la Cruz

“Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.”

la Granja” (1945, p. 89)1 , es un perfecto resumen de lo que pretende exhibirse en este escrito; el intento de los más privilegiados (y de sus seguidores) por justificar sus privilegios.

La desigualdad ha existido desde antes de que existieran siquiera las sociedades humanas, y ambas han evolucionado prácticamente de la mano. Hoy en día, ésta se manifiesta entre las distintas clases sociales, sexos, etnias, naciones, en fin… no es ningún secreto que la lucha por la igualdad es constante en el mundo contemporáneo, ni que la gran mayoría de las personas la considera una lucha justa, noble. Estamos viviendo una crisis de valores en la que predominan la falta de empatía y el relativismo. No pretendo repetirle al lector lo que ya escucha todos los días en los medios, sino indagar en aquello que no le dicen; no voy a hablar de la desigualdad descarada y evidente que tantas personas enfrentan día con día, sino de aquella que pasa desapercibida, silenciosa, o incluso disfrazada de justicia.

Mucho se habla, y con toda razón, de la injusticia que sufren las mujeres en Latinoamérica y Medio Oriente por el simple hecho de ser mujeres, o de cómo el color de piel de los afroamericanos los ha convertido en los sospechosos de facto de cualquier crimen violento, o de la supuesta inferioridad del trabajador extranjero frente al nacional. Pero nadie menciona que los requisitos de aptitud física de las mujeres para enlistarse en el ejército de los Estados Unidos son menores que los de los hombres, o que el ex-presidente de los Estados Unidos Barack Obama recibió el premio Nobel de la paz a pesar de autorizar más de 10 veces más ataques con drones que su antecesor George Bush. La lista podría seguir, pero ése no es el punto. El punto es, ¿por qué no se habla de esto? En primer lugar, porque son hechos poco divulgados. No fueron algo que resonara en las noticias. Pero, ¿y qué hay de aquellos que sí lo saben? La respuesta es sencilla: temen ser tachados de sexistas, racistas, xenófobos, y tantas otras palabras que se han puesto de moda en el léxico del siglo XXI. Hemos llegado a un punto en el que el juicio sobre la moralidad de los actos humanos se aplica de forma distinta a cada persona y el fin pareciera justificar los medios: un punto en el que, absurdamente, se pretende alcanzar la justicia mediante la privilegiación y la opresión.

Muchos podrían pensar que estos son problemas menores y que no tiene mucho caso dedicarles un escrito; justamente por lo poco que se abordan es que me parece prudente abordarlos. Si lo vemos como un “taijitu” (el famoso símbolo del “Yin-Yang”), en donde el yang (el blanco) representa a los privilegiados y el negro (el yin) a los oprimidos (que, por mucho tiempo, la historia caracterizó con esos mismos colores a la piel de los hombres), el escrito estaría enfocado en el yin dentro del yang y en el yang dentro del yin; en la opresión dentro del privilegio y el privilegio dentro de la opresión.

En los párrafos siguientes, me doy a la tarea de profundizar en algunos de estos casos y buscar las razones para que dos personas o dos grupos sean juzgados de distinta manera al afrontar la misma situación, y cómo se transgiversa la ética social al hacer dichas comparaciones.

Hablemos de política

10 de diciembre del 2009. Barack Obama, entonces presidente de los Estados Unidos, acepta el premio Nobel de la paz, otorgado por “his extraordinary efforts to strengthen international diplomacy and cooperation between peoples” [sus extraordinarios esfuerzos por fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos] (NobelPrize.org, 2009, p.1)2. No había pasado ni un año desde que asumió la presidencia, y su discurso sobre un mundo sin armas nucleares y “guerra justa” ya había capturado los corazones de millones de personas. Él mismo reconoció que no se sentía digno del premio, y lo veía más como un “llamado a la acción” que una recompensa. Recordemos que una de sus principales promesas de campaña fue terminar con la guerra en Irak. Siete años después, la administración de Obama acumulaba 26,172 bombas lanzadas en ese año (nótese que la imagen tiene un error en el título, la suma sigue siendo 26,172) , en su mayoría en Siria e Irak (Zenko, 2017, p. 2)3. En el transcurso de esos años, la violencia en Medio Oriente no hizo más que aumentar.Figura 1: número de bombas lanzadas por los Estados Unidos
a otros países en 2016. Disponible en internet en la dirección

https://www.independent.co.uk/news/world/americas/us-president-barack-obama-bomb-map-drone-wars-strikes-20000-pakistan-middle-east-afghanistan-a7534851.html (acceso 12 de mayo del 2020)

La situación del actual presidente, Donald Trump, no es demasiado diferente; tras sus reuniones con el dictador norcoreano Kim Jong-un (que lo convertirían en el primer presidente norteamericano en ejercicio en cruzar la “línea” que separa a las dos Coreas) en 2019, muchos de sus seguidores argumentaron que esto lo volvía digno candidato al premio recibido por su antecesor. Sin embargo, dichas reuniones, aunque lucían prometedoras, no llegaron a ningún acuerdo de desnuclearización. Por otro lado, es bien sabido que Donald Trump autorizó varios ataques con misiles dirigidos a Medio Oriente, el más prominente el del 3 de enero de este año, que acabó rápidamente con la vida del mayor general iraní Qasem Soleimani.

Vemos a dos presidentes de la unánime nación más poderosa del mundo, que mucho ladraron y poco mordieron; que prometieron acabar con una guerra, y acto seguido la continuaron. ¿Cuál es la diferencia entre ambos? Que, a comparación de las críticas que recibe Trump todos los días, las de Obama son inexistentes; que, cuando la economía norteamericana va mal, Trump es un incompetente, pero cuando va bien, es gracias a lo que le dejó Obama. ¿Realmente fue mucho mejor presidente Obama de lo que ahora es Trump? ¿O se les juzga con distinta severidad por el partido al que pertenecen, o peor aún, por su color de piel? De ser así, ¿es el color de piel el equivalente moderno del “Anillo de Giges”, “un anillo mágico que hace invisible a su portador al girarlo” (Cortina, 2013, p. 258)4, eximiendo a su portador de las consecuencias de sus actos? ¿Está Obama exento de toda crítica por ser el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos? Una sociedad sin consecuencias, en la que la conciencia moral o nuestra “voz interna” no nos dice que lo que estamos haciendo está mal, podría desbaratar el orden de la civilización y hacerla descender a la anarquía.

Hablemos de igualdad de género

Analicemos otro caso: las dichosas cuotas de género. Estoy seguro que muchos estarán de acuerdo conmigo cuando digo que un trabajo se le debe asignar al aplicante más capacitado, independientemente de su sexo, edad, nacionalidad, clase social, o cualquier otro motivo (siempre, claro, dentro de los confines de la ley), y el sueldo debería ir acorde a dicha capacitación. Pero en la realidad, no siempre es el caso. Rara vez, de hecho. Un ejemplo interesante es el de la Infantería de Marina de los Estados Unidos, para la cual, los requerimientos para pasar el examen de aptitud física son distintos para hombres y mujeres (y también varían por edades).

Tabla 1. Requerimientos para flexiones/dominadas

Male Marine Pull-up
Standards/Age
    Female Marine Pull-up
Standards/Age
   
Age Group Minimum Maximum Age Group Minimum Maximum
17-20 4 20 17-20 1 7
21-25 5 23 21-25 3 11
26-30 5 23 26-30 4 12
31-35 5 23 31-35 3 11
36-40 5 21 36-40 3 10
41-45 5 20 41-45 2 8
46-50 5 19 46-50 2 6
51+ 4 19 51+ 2 4

Fuente. Stew Smith. Marine Corps Physical Fitness Test (PFT). Disponible en internet en la dirección https://www.military.com/military-fitness/marine-corps-fitness-requirements/usmc-physical-fitness-test (acceso 12 de mayo del 2020)

Para muchas personas, esto tiene sentido; después de todo, hombres y mujeres son biológicamente distintos, y el hombre promedio es más fuerte que la mujer promedio. Sin embargo, muchos otros, y en ellos me incluyo, creemos que es injusto y hasta estúpido: hablando estrictamente del ejército, uno quiere que su unidad sea lo más eficiente posible, y rebajar sus estándares reducirá invariablemente su eficiencia. Pero no por esto creo que las mujeres no puedan o no deban pertenecer a las fuerzas armadas si así lo desean; más bien, creo que los requisitos deberían ser iguales para todos. Seas hombre o mujer, deberías ser capaz de cargar a tu compañero de 80 kilogramos si es herido y debe retirarse del campo de batalla. Muchas mujeres se han mostrado a favor de esta postura, argumentando que bajarles los requisitos por ser mujeres las hace quedar como el sexo débil. Aún así, muchos lo ven como una postura sexista, pues esto aumentaría la dificultad de una mujer para obtener el mismo puesto que un hombre; sin embargo, podemos verlo desde el extremo opuesto, actualmente, a los hombres se les exige un mayor rendimiento para el mismo puesto que a una mujer.

Considero prudente hacer aquí la distinción entre igualdad (tratar a todos por igual) y equidad (tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales); ambos conceptos tienen su lugar y momento en la sociedad, pero al confundirlos y aplicar uno cuando debe aplicarse el otro lleva a polémicas como ésta: en la que se aplica equidad cuando, en mi opinión, debería aplicarse igualdad.

Conclusión

Como estos casos hay muchos más, y revisarlos todos va más allá del alcance del presente ensayo. De cualquier forma, creo que no hace falta hacerlo, pues considero que el mensaje es claro: la lucha por la igualdad, la equidad, y la justicia debe continuar, sí; pero debe pelearse en todos los frentes, incluso aquellos que parezcan abandonados o sin importancia. Tenemos una obligación hacia nosotros mismos y hacia los demás de no callar ante lo injusto y luchar por lo que es correcto: “El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad… pero es un buen arduo de alcanzar, porque exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio.” (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, 2004, p. 167)5. De no hacerlo, la lucha se verá fracturada, incompleta; contraria al fin último del hombre de buscar la perfección y la felicidad, pues sabemos que un hombre que no es íntegro y congruente con lo que él mismo piensa y considera sagrado, no puede ser feliz. Pelear sólo cuando y donde nos conviene nos hace cómplices de la desigualdad que, supuestamente, queremos abolir; nos vuelve infelices; y, como el cerdo Napoleón en “Rebelión en la Granja”, nos terminamos convirtiendo en aquello que tanto odiamos y juramos destruir.

El futuro de la bioética
El futuro de la bioética

La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la pluralidad y por el relativismo.

Estos hechos, heredados al siglo XXI, presentan en la actualidad una crisis de la razón y un aumento de la heterogeneidad cultural y religiosa. De un sistema bastante homogéneo en épocas anteriores, se pasó a un sistema donde la tolerancia y el respeto a la pluralidad han tomado el primer plano, y tanto en la vida moral, política y creencial, hemos pasado a múltiples códigos, que nos sirven para resolver sin problema cualquier tipo de cuestionamiento, porque siempre habrá una puerta que nos dé la razón. El relativismo es la norma. Sin embargo, saber si se está en un error o en lo correcto, ya no es tan fácil como en el pasado. Por lo tanto, se hace necesario establecer diálogos y discusiones entre grupos bien preparados, que logren orientar el futuro de la raza humana.

Por otra parte, tan complicado como hacer un diagnóstico clínico, comunicar una decisión trascendental a un paciente, aplicar o no un nuevo tipo de tratamiento o influenciar para que los padres acepten una medicación para sus hijos, es tomar una decisión ética sobre diversos aspectos de la vida de los seres humanos. En cualquiera de estos casos, los actores principales deben prepararse adecuadamente para poder tomar la decisión correcta.

Al hablar del futuro de la bioética, debemos tomar en cuenta que en el mundo moderno cada día es más evidente la democracia participativa, en la que existen sectores muy contradictorios, y que muchas veces, algunos de esos sectores son los que crean las leyes de los diferentes países. Por consiguiente, la forma de ver los problemas no es igual en todas las sociedades.

Ante este panorama, a la bioética le corresponde crear cátedras universitarias, hacer foros de discusión y velar porque se establezcan permanentemente grupos bien preparados e interdisciplinarios, donde se discutan los puntos clave del desarrollo humano. Igual de importante será hablar de los nuevos tipos de fecundación, como de los problemas de la tala de árboles, de la contaminación del planeta, de la ingeniería genética, de los animales de experimentación, y de la seguridad del uso de los alimentos transgénicos.

La única forma que el hombre tendrá de llegar a conclusiones valederas que lo hagan avanzar por un camino seguro (porque con las perspectivas actuales el progreso humano no está garantizado), serán las discusiones bioéticas y pluralistas que se lleven a cabo entre científicos, abogados, ecologistas, genetistas y representantes de otras ramas del conocimiento, respetando en todo momento los credos personales, la cultura y la sicología de los diferentes grupos raciales, así como la legislación interna de cada país.

Es muy fácil escabullir las preguntas difíciles y no pensar ni siquiera en ellas, pero los bioeticistas no deberán rehuir los grandes desafíos del momento, y no les quedará otra alternativa que asumir el reto y discutir los problemas de la humanidad presente y futura. En la mayoría de los casos, la bioética no tendrá la solución final a los múltiples problemas complejos, pero sí será la brújula que indicará el camino a seguir dentro de un bosque complicado de argumentos válidos.

 Es por eso que puedo afirmar que siempre buscará el bien común tomando en cuenta la opinión de expertos, ya que algun dia esta disciplina podría salvar al mundo, por mas raro que suene…

Autor: Alexis Félix Álvarez

¿Es correcto hablar de “especismo”?
¿Es correcto hablar de “especismo”?

Algunos defensores de los animales denuncian la injusticia del “especismo”, una actitud discriminatoria que debería ser superada como habrían quedado superadas, en el pasado, otras graves discriminaciones.

Un autor que hace suya esta denuncia contra el “especismo” es Peter Singer. Singer explica que la humanidad ha logrado eliminar, con gran esfuerzo y después de muchos siglos, actitudes y modos de organizar la vida social basadas en el racismo y en el sexismo. Tocaría ahora, según este autor, superar el “especismo”, una actitud basada sobre una tesis insostenible: creer que entre hombres y animales existen diferencias esenciales, y que el hombre sería siempre superior a todos los animales.

Desde una reflexión sobre el racismo y sobre el sexismo podremos afrontar mejor el tema del especismo.

Racismo y esclavismo

El racismo afirmaba que había razas inferiores y superiores, y que según las razas se podría también concluir que había seres humanos inferiores y superiores.

El racismo establecía, por lo tanto, una radical distinción entre seres humanos. Unos, normalmente los de la propia raza, gozarían del ejercicio de un buen número de derechos. Otros, de razas diferentes, estarían privados de derechos humanos fundamentales. Incluso podrían ser tratados como esclavos, sometidos en todo a sus señores, y vejados a través de diversas formas de violencia.

El trato violento de unos seres humanos sobre otros, en el pasado y el presente, no se ha basado sólo en el racismo. Han existido y existen ideologías que consideran a algunos seres humanos como “superiores” y a otros como “inferiores”. En el esclavismo ocurría esto incluso entre personas de la misma raza: ¿es que no hay quienes esclavizan a niños que tienen el mismo color de la piel de los adultos y que hablan el mismo idioma de sus “señores”?

Algo parecido podemos decir de algunas aplicaciones del marxismo: los líderes revolucionarios y los miembros de la clase proletaria eran tratados como superiores, mientras que los enemigos de la revolución y los burgueses-capitalistas eran tratados como inferiores. Y lo mismo se aplica en algunos sistemas totalitarios: quienes apoyan al dictador de turno se convierten en privilegiados, y los opositores son tratados, en muchas ocasiones, peor que los esclavos en el pasado.

El racismo, conviene siempre tener presente esto, no era ni es la única ideología que establece discriminaciones arbitrarias entre los hombres, sino que existen otros modos de despreciar a unos seres humanos y de sobrevalorar a otros. En ese sentido, algunos análisis sobre el tema suelen resultar bastante incompletos, al limitarse muchas veces a hablar sobre el racismo como fuente de discriminaciones gravemente injustas, y olvidar otros fenómenos de igual o de mayor gravedad. ¿No es también una fuerte discriminación, muy presente en nuestros días, el aborto de miles de hijos porque tales hijos no tienen las características deseadas por sus padres?

Sobre el esclavismo hay que añadir una ulterior reflexión. El esclavismo ha tenido (y tiene, pues no ha desaparecido) muchas formas y muchos matices. Hay esclavismos coyunturales, por ejemplo cuando los vencidos en una guerra se convierten en esclavos de los vencedores. Hay esclavismos raciales: algunos blancos esclavizaban a algunas poblaciones de raza negra, o algunas tribus de una etnia esclavizaban a tribus de otra etnia, aunque fuesen de la misma raza. Hay esclavismos incluso dentro de una misma tribu o nacionalidad, o esclavismos respecto a personas de nacionalidades distintas, aunque pertenezcan a la misma raza. Hay esclavismos en los así llamados países ricos sobre mujeres sometidas por la fuerza a convertirse en prostitutas.

Por eso, nos encontramos ante una simplificación errónea cuando alguien piensa que el racismo y el esclavismo tienen una única modalidad y una única teorización. Creer, por ejemplo, que los hombres de una raza son inferiores y, por lo tanto, deberían ser siempre esclavos o sometidos a otros, es algo que puede haber sido pensado por diversas personas, pero no por todas, ni siempre.

Las ideas racistas y esclavistas, que suponen despreciar a unos y sobrevalorar a otros, tienen orígenes variados, y no constituyen un factor uniforme a la hora de establecer discriminaciones entre los seres humanos.

En el mismo mundo griego, por ejemplo, donde se daban diversas formas de racismo y de esclavismo, Platón realizó una interesante crítica a este fenómeno en alguno de sus escritos. Por ejemplo, en el diálogo titulado Leyes, Platón constataba la existencia de teorías distintas sobre la esclavitud, y pedía que, donde hubiera esclavos, fuesen de lengua distinta de la de sus dueños, y que recibiesen un trato justo (Leyes 777ce). Incluso el texto pide explícitamente que se cometan menos injusticias con los esclavos que con los iguales (los libres), como si se tratase de una especie de discriminación al revés…

En otro diálogo platónico, el Político, los esclavos son presentados como seres humanos sometidos al arte política, al igual que están sometidos los libres (Político 311bc). En otros textos, ciertamente, Platón habla de los esclavos como de hombres privados de muchos derechos, pero nunca dice que los esclavos sean menos hombres que los demás.

Por su parte, Aristóteles consideraba que los esclavos tenían inteligencia y voluntad, si bien no podían “poseerla”, no podían ejercitarla (Política I 13). Esta idea aristotélica muestra un reconocimiento de la igual naturaleza humana entre unos y otros, al mismo tiempo que constataba la existencia de un distinto posicionamiento en la vida social: los libres pueden ejercitar sus derechos (poseen su voluntad), y los esclavos están sometidos en sus derechos a otros.

Que tal sometimiento fuera debido a la “naturaleza” (una idea que expone Aristóteles en Política I 2-4) no debería entenderse como si Aristóteles afirmase la existencia de dos “sub-especies” humanas (los esclavos y los libres), sino desde la constatación de la existencia de características reconocidas que permitían establecer diferencias entre unos y otros, si bien tales características, añade Aristóteles, eran vistas de modo diferente entre los griegos y los “bárbaros”. Para Aristóteles, conviene recordarlo, tanto el esclavo como el libre eran seres humanos.

Las ideas en las que se basaba el sistema esclavista eran tan “débiles” que en algunos pueblos antiguos el esclavo (o alguien en su nombre) podía “comprar” o conseguir la propia libertad, pasar del estado de esclavitud al estado de la libertad (algo que podría valer para esclavos de razas distintas). Si el esclavismo de esos pueblos se basase sobre una distinción “natural” entre unos y otros, el dejar de ser esclavos habría sido algo impensable, cuando en realidad era posible…

Es oportuno añadir aquí el hecho de que los cristianos acogieron con pleno favor a los seres humanos de razas diferentes y de clases sociales muy variadas, inclusive a los esclavos. Todos los seres humanos, ricos o pobres, blancos o negros, hombres o mujeres, esclavos o libres, podían recibir el bautismo y participaban en las mismas ceremonias religiosas.

También es cierto que hubo cristianos que no se opusieron al sistema esclavista, o incluso que tenían sus propios esclavos. Pero el reconocer que los esclavos tenían derecho al bautismo, que podían convertirse en “hermanos” y que había que tratarlos como tales era una clara admisión de su dignidad y de la existencia de una naturaleza humana común, por encima de las diferencias de color, de condición económica o de derechos políticos.

Podemos concluir, por lo tanto, que no existía (ni existe) una única forma de racismo ni una única forma de esclavismo, y que en muchas ocasiones el racismo no se ha basado en la afirmación según la cual entre los seres humanos habría diferencias esenciales entre unos y otros, sino que ha supuesto la igual condición humana de los esclavos y de los libres, aunque luego aplicase un trato distinto para unos y para otros.

Sexismo

Pasemos ahora al tema del “sexismo”. Según Singer, durante siglos se ha considerado a la mujer como un ser inferior. Habría sido tratada de modo discriminatorio, habría sido privada de derechos fundamentales por una ideología según la cual el sexo sería motivo suficiente para declarar quién era “superior” (el varón) y quién era “inferior” (la mujer).

De nuevo, habría que hacer muchas precisaciones sobre el análisis anterior. Ha habido culturas y pueblos donde las mujeres podían participar plenamente en la vida profesional, sea en el campo, sea en otras actividades (textiles, mercantiles, incluso militares), a un nivel en el que se daba cierta “paridad” entre el hombre y la mujer.

En el pasado encontramos historias de mujeres que tuvieron un gran papel en la vida política. Recordemos, entre tantos nombres que podrían mencionarse, a Isabel la Católica en España o a Isabel I en Gran Bretaña.

Entre algunas teorizaciones antiguas que hablan de la mujer como “inferior” respecto del hombre, observamos detalles importantes. Platón, por ejemplo, consideraba a la mujer inferior respecto de su cuerpo; en cambio, en lo que se refiere al alma, a las facultades superiores (inteligencia, voluntad), la mujer sería idéntica al hombre, apta también para las actividades políticas y militares.

Esta idea platónica está construida sobre un punto clave: el reconocimiento del alma espiritual, respecto de la cual se da una igual dignidad entre hombres y mujeres. Al revés, si se niega la espiritualidad del alma humana, es casi imposible no caer en posiciones como las de Peter Singer (que no reconoce ninguna dignidad especial en el ser humano) y como las de numerosos ideólogos defensores de la opresión de los fuertes sobre los débiles.

Aristóteles, por su parte, hablaba de la mujer de forma semejante a como hablaba de los esclavos: la mujer tendría “razón” (facultades espirituales) pero no la “poseería”; en otras palabras, aunque se reconocía su condición humana (al tener racionalidad), la mujer estaría sometida en parte al hombre en el ejercicio de su racionalidad y libertad.

No se trata, por tanto, de una diferencia esencial (respecto a su alma) entre hombres y mujeres, sino de una diferencia basada en datos biológicos o sociológicos. Si miramos a lo específico del ser humano, a su racionalidad y a su espiritualidad, hombres y mujeres gozarían de la misma dignidad.

En el cristianismo es patente el reconocimiento de la igual dignidad entre el hombre y la mujer. Los dos tenían el mismo origen, creados directamente por Dios. Los dos estarían destinados a la vida eterna. Los dos estarían capacitados para hacer un acto libre de fe y recibir el bautismo que los convierte en hijos de Dios.

Por lo tanto, afirmar que el pasado el “sexismo” defendió una diferencia “esencial” entre el hombre y la mujer es no sólo inexacto, sino que en muchas ocasiones es completamente falso, sobre todo cuando miramos a lo propio del ser humano, su espiritualidad.

Especismo

La idea presente en algunos animalistas según la cual el mundo moderno habría superado el racismo y el sexismo, pero todavía no habría superado el “especismo”, es inexacta y errónea. Porque hay que hacer muchas aclaraciones sobre el “racismo” y sobre el “sexismo” en el pasado y el presente, como acabamos de ver; y porque la noción de especismo es equívoca, como queremos mostrar ahora.

¿Qué se entiende por especismo? La palabra fue divulgada por un psicólogo de Oxford, Richard Ryder, conocido como defensor del movimiento animalista. Ryder definió especismo (en inglés “speciesism”) como la discriminación o abuso, por parte de los seres humanos, de algunas especies animales en base a la idea de que existiría una superioridad humana respecto de los animales.

En otras palabras, el especismo admitiría la existencia de una superioridad humana y basaría sobre la misma un comportamiento discriminatorio respecto de los animales (todos o algunos, también respecto de aquellos animales capaces de experimentar dolor).

En realidad, entre los seres vivos es algo común y generalizado considerar a los miembros de la propia especie como más afines a uno mismo, con una actitud que algunos califican como “discriminatoria”, y a los miembros de otras especies como lejanos según diversos grados.

Por ejemplo, los animales carnívoros actúan de modo particularmente agresivo respecto de muchos otros animales y no toman ninguna precaución o “respeto” hacia cientos de las plantas pisoteadas en sus correrías por las praderas. Los herbívoros, por su parte, tratan con un respeto casi “nulo” a muchas plantas y a aquellos animales pequeños que sucumben aplastados por falta de atención de los herbívoros más grandes.

Que el hombre muestre una especial afinidad hacia otros seres humanos y les ofrezca (por desgracia, no siempre) un trato privilegiado es algo normal en el mundo de los vivientes, y no puede ser considerado un comportamiento antinatural.

Pero si además reconocemos, como hemos visto, que el hombre tiene unas facultades particulares, inteligencia y voluntad; si vemos que tales facultades nos llevan a demostrar que es un ser espiritual y, por lo tanto, digno; entonces no podemos no considerarlo como esencialmente diferente de los animales, lo cual conlleva un sinfín de consecuencias que sería injusto ver como “especistas” o discriminatorias.

Sólo existe discriminación allí donde es tratado como diferente lo que es igual en dignidad. Los seres humanos, todos, gozan de la misma dignidad, mientras que los animales no tienen ni pueden tener la misma dignidad que los seres humanos, porque no están dotados de espiritualidad.

Podemos, por lo tanto, concluir que no es apropiado hablar de especismo a la hora de juzgar el modo según el cual los hombres se comportan respecto de los animales y de las plantas. Ciertamente, ello no es motivo para que el ser humano pueda abusar de modo totalmente egoísta, o con actitudes que podríamos calificar como crueles, de los muchos seres vivos que comparten nuestro planeta. Pero condenar abusos no es lo mismo que hablar de especismo, porque tal noción es errónea y sin apoyo en la realidad.

Mientras algunos animalistas usan un término incorrecto y dedican ingentes esfuerzos para “mejorar” el trato que los seres humanos otorgan a algunos animales, millones de hombres y mujeres, niños o adultos, nacidos o sin nacer, son despreciados en su vida y en su salud, en sus derechos fundamentales y en su vocación profunda al amor.

La urgencia del mundo moderno no consiste en encontrar maneras para mejorar el trato de los animales, sino en trabajar para que todo hombre y mujer sea respetado y tratado según su dignidad intrínseca.

Por eso vale la pena invertir lo mejor de nuestras energías para proteger y tutelar la vida de los hombres y mujeres, de los no nacidos y de los ancianos, de los pobres y de los enfermos. Vale la pena evitar cualquier discriminación injusta basada en el color de la piel, en el tamaño, en las condiciones sociales, en las nacionalidades, en las creencias religiosas. Vale la pena, sobre todo, evidenciar por qué el hombre es un ser digno de respeto y esencialmente diferente de los animales, merecedor de nuestros mejores esfuerzos en favor de la realización de un mundo más justo y más solidario.

Fuente: Fernando Pascual.

Embriones humanos y animales
Embriones humanos y animales

Una manifestación de cientos o miles de personas no refleja la mentalidad de un pueblo. Pero puede ser una señal indicativa de los valores aceptados por algunos (o por muchos) miembros de la sociedad.

Ocurre, en algunos lugares del planeta, que se concentran centenares de personas para protestar contra las corridas de toros o contra el modo de tratar a los animales en algunas granjas.

En esos mismos lugares, y a veces cerca de donde pasa la manifestación antitaurina, hay edificios en los que se practica el aborto de embriones y fetos humanos. Frente a esos edificios son escasas, y a veces están prohibidas, las manifestaciones de los grupos pro vida que buscan salvar a seres humanos muy pequeños y desprotegidos.

Como quedó dicho al inicio, la presencia de gente en la calle no refleja la mentalidad de un pueblo. La vistosidad de una manifestación en favor de los animales no es sinónimo de que, para la mayoría, sea más importante la vida de un animal que la vida de los seres humanos.

Pero surge la pregunta: ¿no merecerían los embriones humanos un esfuerzo constante y eficaz por parte de todos los defensores de la justicia para que no se llegue nunca a la opción de abortar a un hijo? ¿No falta una auténtica movilización de las conciencias para contrarrestar la muerte de tantos miles y miles de seres humanos por culpa del aborto?

Para tranquilidad de quienes defienden de modo correcto lo que merecen los animales, el esfuerzo en favor de los embriones humanos no implica despreocuparnos de las palizas que puedan sufrir los perros callejeros, ni tampoco desinteresarnos ante algunos sistemas de explotación excesiva en los que viven animales en las “granjas industriales”.

Pero a la hora de actuar, hace falta descubrir, desde una simple reflexión sobre la dignidad humana, que primero están los seres humanos, y luego los animales. No sólo porque también los seres humanos son “animales” dignos de respeto (aunque, por desgracia, hay quien prefiere estar entre gatos que entre hombres), sino porque en cada hombre y en cada mujer se esconde un tesoro de riquezas y de posibilidades por su apertura al conocimiento y su capacidad de amar.

Una de las urgencias de nuestro mundo consiste en tutelar la vida de los embriones humanos. No es justo ningún pueblo que permite cercenar en sus inicios la existencia de miles de hijos. La vida de esos seres humanos en pequeño merece ser tutelada, acogida, ayudada. Así algún día también ellos podrán tender su mano a otros seres humanos, y aprenderán que el respeto a la vida implica un trato adecuado (aunque nunca igual al que se ofrece a los hombres y mujeres que conviven con nosotros) a los animales que embellecen nuestras ciudades y nuestros campos.

Fuente: Fernando Pascual.

Animales de Laboratorio
Animales de Laboratorio

Durante los últimos años, ha proliferado la tendencia por parte de algunos sectores sociales sobre dejar de utilizar a los animales en los laboratorios para la investigación científica y el desarrollo de técnicas, tratamientos y vacunas que contribuyan a la cura y prevención de enfermedades en las personas.

Para poder hacer un juicio sobre este tema, habrá que partir de distintos puntos, los comparto con ustedes:

1.- A través de la historia de la humanidad, la experimentación científica en animales ha permitido desarrollar los medios necesarios para salvar a millones de personas de enfermedades terribles, sin necesidad de exponer a ninguna sola en su salud o en poner en riesgo su vida.

En otros tiempos, era permitida la experimentación en criminales y proscritos, situación que éticamente sabemos inadmisible ya que la salud y la vida de una persona no puede ser sacrificada por las de otros, ya que todos gozamos de la misma dignidad.

Es así que la experimentación y desarrollo de tecnologías médicas, usando como medio a animales de laboratorio, constituye el mal menor, ya que no conocemos en la actualidad ningún otro medio para hacerlo.

Es por ello que en beneficio de la salud y vida del género humano es legítimo y justificado el experimentar con animales de laboratorio.

2.- No obstante, lo anterior y para que esta legitimidad se confirme, es necesario que los animales de laboratorio estén sujetos a un trato adecuado que satisfaga las necesidades básicas de estos animales y no suponga ningún tipo de abuso o ensañamiento en la investigación.

Cumplir con ello, es reflejo del nivel ético de la persona sobre el resto de la naturaleza, habla de lo que somos frente a los demás seres, especialmente los vivos.

Investigando un poco al respecto, encontré la NOM-062-ZOO-1999 (Norma Oficial Mexicana: Especificaciones técnicas para la producción, cuidado y uso de los animales de laboratorio).

He quedado gratamente sorprendido del cuidado y esmero con la que se ha elaborado este documento, que norma sobre:  la crianza, selección, alimentación, trato, hábitat, cuidado y muerte en estos animalitos.

Para aquellos tan preocupados por el tema y que desean que no se utilicen más en beneficio de la humanidad es conveniente su lectura y ver lo que el ser humano puede hacer para lograr un buen trato, incluso en los seres que son utilizados para este fin, necesario para nuestra raza humana.

3.- En este sentido, debemos aceptar que vivimos en un tiempo en que las personas se reconocen tan poco en sí mismas, que menospreciando la dignidad de la que todos gozamos, somos capaces de ponernos, ya no a la par, sino, en segundo término, frente al resto de los seres de la naturaleza.

Resulta muy poco comprensible que mientras que se invierte tiempo, dinero y esfuerzo en la defensa (ignorante) de otros seres (ya vimos que hay regulación) existan decenas de miles de embriones humanos congelados; niños, jóvenes y adultos afectados por enfermedades y personas en pobreza extrema, todos en un inexorable estado de vulnerabilidad.

Ojalá querido lector que esta reflexión sirva para que cada uno de nosotros tomemos conciencia de quienes somos, los problemas que nos aquejan y de la responsabilidad que tenemos, primero de nosotros y después de los demás seres que nos rodean. De otro modo, el esfuerzo será no solo infructuoso, sino poco legítimo.

Nos vemos la próxima semana, con un nuevo tema y una nueva reflexión.

MBPP

¿Quién toma decisiones bioéticas?
¿Quién toma decisiones bioéticas?

Muy queridos y pacientes lectores. Es un gusto poder encontrarles de nuevo en este espacio que nos permite reflexionar sobre temas de la persona humana y sobre todo de Bioética. (más…)