En las últimas décadas, los avances tecnológicos han transformado la vida cotidiana de la sociedad. Los aparatos electrónicos —teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras y consolas de videojuegos— se han convertido en elementos fundamentales en el entretenimiento, la comunicación y la educación de los niños. Sin embargo, su uso excesivo ha generado preocupación en padres, maestros y profesionales de la salud, quienes advierten que puede derivar en conductas adictivas. La adicción a los aparatos electrónicos y a los videojuegos se manifiesta como una dependencia psicológica y conductual que afecta el desarrollo emocional, cognitivo y social de los menores según la Organizzación Mundial de la Salud.

Este artículo tiene como objetivo analizar las causas, consecuencias y posibles soluciones frente a la adicción infantil a la tecnología, resaltando la importancia de un equilibrio saludable entre el mundo digital y el entorno real.

Causas de la adicción infantil a la tecnología

Diversos factores explican por qué los niños son particularmente vulnerables a la adicción a dispositivos electrónicos y videojuegos:

1. Estimulación inmediata y constante: Los juegos digitales ofrecen recompensas rápidas (niveles superados, puntos, logros), lo que activa los circuitos cerebrales de recompensa relacionados con la dopamine.

2. Accesibilidad y portabilidad: La disponibilidad de dispositivos móviles facilita el acceso ilimitado a videojuegos y redes sociales desde edades tempranas.

3. Entorno familiar y social: En muchos hogares, los padres utilizan dispositivos electrónicos como herramientas de distracción, lo que normaliza su uso prolongado desde la infancia.

4. Diseño persuasivo de las aplicaciones: Empresas tecnológicas emplean estrategias de diseño para aumentar el tiempo de permanencia en pantalla, como notificaciones constantes o recompensas virtuales.

Consecuencias de la adicción en la infancia

El uso excesivo de aparatos electrónicos no solo limita otras actividades necesarias para el desarrollo integral, sino que también acarrea efectos en múltiples dimensiones:

1. Salud física:
– Sedentarismo: El tiempo prolongado frente a pantallas reduce la actividad física, incrementando el riesgo de obesidad infantil.
– Problemas de sueño: La luz azul emitida por los dispositivos altera la producción de melatonina, afectando los patrones de descanso.
– Fatiga visual y dolores musculares: Son cada vez más comunes en edades tempranas.

2. Salud mental y emocional:
– Ansiedad y depresión: Algunos estudios han mostrado correlación entre la dependencia a videojuegos y síntomas depresivos.
– Dificultad en la autorregulación emocional: Los niños pueden recurrir a los dispositivos como vía de escape ante el aburrimiento o el estrés, evitando desarrollar otras estrategias de afrontamiento.

3. Desarrollo social y académico:
– Aislamiento: El exceso de tiempo frente a pantallas reduce las interacciones cara a cara, afectando habilidades sociales.
– Rendimiento escolar bajo: La distracción constante y la falta de concentración afectan el aprendizaje y la memoria.

El papel de los videojuegos

Los videojuegos ocupan un lugar especial dentro del debate sobre adicción tecnológica. Aunque pueden fomentar habilidades cognitivas como la resolución de problemas o la coordinación visomotora, el abuso puede convertirse en un trastorno reconocido. De hecho, en 2019 la OMS incluyó el “trastorno por uso de videojuegos” en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), definiéndolo como un patrón de comportamiento caracterizado por pérdida de control, prioridad excesiva del juego sobre otras actividades y continuidad a pesar de consecuencias negativas.

Estrategias de prevención e intervención

Para contrarrestar la adicción, se recomiendan medidas conjuntas desde la familia, la escuela y las políticas públicas:

1. Establecimiento de límites claros de tiempo frente a pantallas: La Academia Americana de Pediatría sugiere un máximo de 1 a 2 horas diarias de entretenimiento digital para niños mayores de 6 años, evitando cualquier exposición en menores de 18 meses.

2. Fomento de actividades alternativas: Deportes, juegos al aire libre, música o lectura deben presentarse como opciones atractivas.

3. Participación activa de los padres: Acompañar a los hijos en el uso de dispositivos, elegir juegos apropiados a su edad y conversar sobre sus experiencias digitales.

4. Educación digital y emocional: Integrar en los programas escolares contenidos sobre autorregulación, ciudadanía digital y riesgos del uso excesivo.

5. Atención profesional cuando sea necesario: Psicólogos infantiles y terapeutas familiares pueden intervenir en casos de dependencia severa.

Conclusión

La adicción de los niños a los aparatos electrónicos y a los videojuegos es un fenómeno complejo que responde tanto a la estructura de los productos tecnológicos como a factores individuales y familiares. Si bien la tecnología ofrece beneficios innegables, su uso descontrolado en la infancia puede acarrear serias consecuencias para la salud física, mental y social. Resulta indispensable que padres, educadores y responsables de políticas públicas trabajen en conjunto para establecer límites saludables y promover un equilibrio entre el mundo digital y la vida cotidiana. La clave no está en prohibir la tecnología, sino en enseñarla a usar de manera crítica, consciente y moderada.

Por: Dora García Fernández

*Este artículo fue escrito con la ayuda de ChatGPT y la revisión de la autora.

Referencias

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