La infertilidad afecta a millones de personas en edad fértil alrededor del mundo y representa uno de los principales desafíos de la salud reproductiva contemporánea. Se define como la incapacidad de lograr un embarazo clínico después de doce meses o más de relaciones sexuales regulares sin el uso de métodos anticonceptivos. Esta condición puede presentarse tanto en hombres como en mujeres y tiene un origen multifactorial, relacionado con factores biológicos, genéticos, endocrinos, anatómicos, inmunológicos, ambientales y conductuales.
Además de sus implicaciones médicas, la infertilidad produce importantes repercusiones psicológicas, sociales, económicas y éticas, afectando la calidad de vida de quienes la padecen. En la actualidad, el desarrollo de técnicas de reproducción asistida ha permitido ofrecer alternativas terapéuticas eficaces para muchas parejas; sin embargo, el acceso a estos tratamientos continúa siendo desigual debido a factores económicos, culturales y legales.
La reproducción humana constituye uno de los procesos biológicos más complejos e importantes para la continuidad de la especie. Este proceso depende de la interacción coordinada entre factores anatómicos, hormonales, genéticos y ambientales que permiten la producción de gametos funcionales, la fecundación y el desarrollo adecuado del embarazo. Cuando alguno de estos mecanismos presenta alteraciones, la capacidad reproductiva puede verse comprometida, dando origen a la infertilidad.
Durante muchos años la infertilidad fue considerada exclusivamente un problema femenino. Sin embargo, los avances en la medicina reproductiva han demostrado que tanto hombres como mujeres contribuyen en proporciones similares a los problemas de fertilidad. Diversos estudios estiman que aproximadamente un 30 % de los casos corresponde a factores femeninos, otro 30 % a factores masculinos, alrededor del 20 % a causas combinadas y el porcentaje restante permanece sin una explicación claramente identificable.
La infertilidad ha adquirido una creciente relevancia debido a diversos cambios demográficos y sociales. En numerosos países, las personas deciden posponer la maternidad y la paternidad por razones educativas, laborales o económicas. Este retraso incrementa la probabilidad de presentar dificultades reproductivas, especialmente en las mujeres, cuya reserva ovárica disminuye progresivamente con la edad.
Asimismo, factores relacionados con el estilo de vida moderno, como el aumento de la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo de alcohol y drogas, el estrés crónico y la exposición a contaminantes ambientales, también han contribuido al incremento de los problemas reproductivos. Paralelamente, enfermedades como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico, la diabetes mellitus y diversas infecciones de transmisión sexual representan causas importantes de infertilidad tanto en países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo.
Desde una perspectiva de salud pública, la infertilidad no solo constituye una enfermedad, sino también un fenómeno social que afecta profundamente la estabilidad emocional, las relaciones de pareja y el bienestar psicológico. Muchas personas experimentan sentimientos de frustración, ansiedad, depresión, aislamiento social y pérdida de autoestima debido a la imposibilidad de concebir. En determinadas culturas, la presión social para tener hijos puede intensificar el sufrimiento emocional e incluso favorecer situaciones de discriminación.
Por otra parte, los avances científicos han revolucionado el tratamiento de esta condición mediante el desarrollo de técnicas de reproducción asistida, como la inseminación intrauterina, la fecundación in vitro y la inyección intracitoplasmática de espermatozoides. Estas alternativas han permitido que millones de personas logren formar una familia; sin embargo, también han generado importantes debates bioéticos relacionados con la manipulación de embriones, la donación de gametos, la gestación subrogada y el acceso equitativo a los servicios de reproducción asistida.
1. ¿Qué es la infertilidad?
La infertilidad es reconocida actualmente como una enfermedad del sistema reproductor que limita la capacidad de una persona o pareja para lograr un embarazo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se define como la imposibilidad de conseguir un embarazo clínico después de doce meses o más de relaciones sexuales frecuentes, regulares y sin el uso de métodos anticonceptivos.
Esta definición es importante porque reconoce que la infertilidad no debe entenderse como una consecuencia inevitable del paso del tiempo ni como un problema exclusivamente femenino, sino como una condición médica susceptible de diagnóstico, tratamiento y, en muchos casos, de prevención.
Es necesario distinguir la infertilidad de otros conceptos relacionados. La fertilidad se refiere a la capacidad biológica para concebir y llevar un embarazo hasta el nacimiento de un hijo vivo. En cambio, la esterilidad hace referencia a la imposibilidad absoluta de lograr la fecundación debido a la ausencia total de función reproductiva, como puede ocurrir tras la extirpación de los ovarios o los testículos. Por otra parte, el término subfertilidad describe una disminución de la capacidad reproductiva, aunque todavía existe la posibilidad de lograr un embarazo de forma espontánea.
La infertilidad puede clasificarse como primaria cuando la persona nunca ha conseguido un embarazo, y secundaria cuando ya existió al menos un embarazo previo, independientemente de su desenlace, pero posteriormente no se logra una nueva gestación tras un período prolongado de búsqueda.
Desde el punto de vista clínico, la infertilidad representa un trastorno multifactorial. En la mujer puede deberse a alteraciones de la ovulación, enfermedades de las trompas de Falopio, endometriosis, alteraciones uterinas, trastornos hormonales o disminución de la reserva ovárica. En el hombre, las causas más frecuentes incluyen alteraciones en la producción, movilidad o morfología de los espermatozoides, enfermedades del aparato reproductor masculino, alteraciones hormonales y factores genéticos. En un porcentaje considerable de parejas, ambos integrantes presentan simultáneamente factores que afectan la fertilidad, mientras que en otros casos no es posible identificar una causa específica pese a realizar estudios completos.
La infertilidad debe abordarse como una enfermedad crónica que requiere atención integral. El tratamiento no solo busca aumentar las probabilidades de embarazo, sino también preservar la salud física y emocional de los pacientes. Por ello, las guías clínicas actuales recomiendan que el manejo incluya asesoramiento psicológico, educación reproductiva y acompañamiento durante todo el proceso diagnóstico y terapéutico.
2. Fisiología de la reproducción humana
Para comprender las causas de la infertilidad es indispensable conocer cómo ocurre la reproducción humana en condiciones normales.
En la mujer, el proceso reproductivo inicia con la maduración de los folículos ováricos bajo la influencia de las hormonas foliculoestimulante (FSH) y luteinizante (LH), secretadas por la hipófisis. Durante cada ciclo menstrual, generalmente un folículo alcanza la madurez y libera un óvulo mediante el proceso conocido como ovulación. Este óvulo es captado por las trompas de Falopio, donde puede encontrarse con un espermatozoide para que ocurra la fecundación.
En el hombre, la producción de espermatozoides se lleva a cabo en los túbulos seminíferos de los testículos mediante un proceso denominado espermatogénesis. Dicho proceso requiere una adecuada regulación hormonal, especialmente de la testosterona, la FSH y la LH. Una vez formados, los espermatozoides maduran en el epidídimo y posteriormente son transportados durante la eyaculación.
La fecundación ocurre cuando un espermatozoide atraviesa las capas protectoras del óvulo y fusiona su material genético con el de este. Como resultado se forma el cigoto, que comienza una serie de divisiones celulares mientras se desplaza hacia el útero. Finalmente, entre cinco y siete días después de la fecundación, el embrión alcanza el estadio de blastocisto e inicia el proceso de implantación en el endometrio.
Para que este proceso ocurra exitosamente es indispensable que exista una adecuada producción hormonal, una buena calidad de los gametos, permeabilidad de las trompas de Falopio, receptividad endometrial y ausencia de alteraciones anatómicas o inmunológicas que interfieran con la implantación. Cualquier alteración en alguna de estas etapas puede impedir el embarazo y dar lugar a la infertilidad.
3. Clasificación de la infertilidad
La infertilidad puede clasificarse desde diferentes perspectivas, lo que facilita el diagnóstico y la selección del tratamiento más adecuado.
La clasificación más utilizada distingue entre infertilidad primaria e infertilidad secundaria.
La infertilidad primaria se presenta cuando una persona o pareja nunca ha logrado un embarazo, mientras que la secundaria ocurre cuando ya existió una gestación previa, pero posteriormente no se consigue un nuevo embarazo.
Otra clasificación se basa en el origen del problema. La infertilidad femenina comprende aquellas alteraciones relacionadas con el aparato reproductor de la mujer, como trastornos ovulatorios, enfermedades tubarias o anomalías uterinas. La infertilidad masculina engloba las alteraciones que afectan la producción, calidad o transporte de los espermatozoides. También existe la infertilidad mixta, en la cual ambos integrantes de la pareja presentan factores que disminuyen la fertilidad.
Finalmente, se reconoce la infertilidad de causa inexplicada, diagnóstico que se establece cuando, a pesar de realizar una evaluación clínica completa, no es posible identificar alteraciones evidentes que expliquen la dificultad para concebir. Este grupo representa un desafío para la medicina reproductiva y suele requerir estrategias terapéuticas individualizadas.
4. Causas de la infertilidad femenina
La infertilidad femenina representa aproximadamente entre el 35 % y el 40 % de todos los casos de infertilidad. Su origen es multifactorial y puede involucrar alteraciones hormonales, anatómicas, genéticas, inmunológicas o ambientales que afectan la ovulación, la fecundación o la implantación del embrión. En muchos casos coexisten varias causas, lo que hace necesario un abordaje diagnóstico integral.
4.1 Trastornos de la ovulación
Los trastornos ovulatorios constituyen la causa más frecuente de infertilidad femenina. La ovulación depende del adecuado funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-ovario, el cual regula la secreción de las hormonas foliculoestimulante (FSH) y luteinizante (LH). Cualquier alteración en este sistema puede impedir la maduración y liberación del ovocito.
Entre las enfermedades más importantes destaca el síndrome de ovario poliquístico (SOP), considerado la principal causa de anovulación crónica. Esta enfermedad endocrina se caracteriza por hiperandrogenismo, alteraciones menstruales y presencia de múltiples folículos ováricos pequeños. Las mujeres con SOP suelen presentar resistencia a la insulina, obesidad y mayor riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Otra causa importante es la insuficiencia ovárica prematura, definida como la pérdida de la función ovárica antes de los 40 años de edad. Esta condición puede tener origen genético, autoinmunitario, iatrogénico o idiopático y se caracteriza por una disminución significativa de la reserva ovárica, lo que reduce las posibilidades de embarazo espontáneo.
Las alteraciones tiroideas y la hiperprolactinemia también afectan la ovulación. El hipotiroidismo modifica la secreción de hormonas reproductivas y puede ocasionar ciclos menstruales irregulares, mientras que el exceso de prolactina inhibe la liberación de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), alterando la producción de FSH y LH.
4.2 Endometriosis
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica caracterizada por la presencia de tejido similar al endometrio fuera de la cavidad uterina. Se estima que afecta entre el 6 % y el 10 % de las mujeres en edad reproductiva y hasta el 50 % de aquellas que presentan infertilidad.
Los implantes endometriósicos pueden localizarse en ovarios, trompas de Falopio, peritoneo, vejiga e intestino. La inflamación crónica favorece la formación de adherencias, altera la anatomía pélvica y modifica el ambiente inmunológico necesario para la fecundación y la implantación embrionaria.
Además, la enfermedad puede afectar la calidad de los ovocitos y disminuir la receptividad del endometrio, lo que explica por qué algunas pacientes presentan dificultades para lograr el embarazo incluso cuando la anatomía reproductiva parece conservada.
4.3 Alteraciones tubarias
Las trompas de Falopio desempeñan un papel esencial en la reproducción humana, ya que permiten el encuentro entre el ovocito y el espermatozoide, además de transportar el embrión hacia el útero.
Las infecciones pélvicas constituyen la principal causa de daño tubario. Microorganismos como Chlamydia trachomatis y Neisseria gonorrhoeae pueden producir enfermedad inflamatoria pélvica, originando cicatrices, adherencias y obstrucción de las trompas.
Las cirugías abdominales previas, los embarazos ectópicos y la endometriosis también pueden alterar la permeabilidad tubaria y dificultar la fecundación.
4.4 Alteraciones uterinas
El útero debe ofrecer un ambiente adecuado para la implantación y el desarrollo del embrión. Diversas anomalías estructurales pueden interferir con este proceso.
Los miomas uterinos, especialmente aquellos que deforman la cavidad endometrial, pueden disminuir las probabilidades de implantación y aumentar el riesgo de aborto espontáneo. Los pólipos endometriales también alteran la arquitectura del endometrio y pueden dificultar la implantación.
Entre las anomalías congénitas destacan el útero septado, bicorne y unicorne, malformaciones derivadas de alteraciones en el desarrollo de los conductos de Müller.
Otra condición importante es el síndrome de Asherman, caracterizado por adherencias intrauterinas secundarias a procedimientos quirúrgicos o infecciones, que pueden impedir la implantación del embrión.
4.5 Edad materna avanzada
La edad constituye uno de los factores pronósticos más importantes en reproducción humana.
Las mujeres nacen con un número finito de ovocitos que disminuye progresivamente a lo largo de la vida. A partir de los 35 años se observa una reducción acelerada de la reserva ovárica y un incremento en las alteraciones cromosómicas de los ovocitos.
Como consecuencia, disminuye la probabilidad de embarazo espontáneo y aumenta el riesgo de aborto, aneuploidías y complicaciones obstétricas.
5. Causas de la infertilidad masculina
Durante décadas la infertilidad masculina fue subestimada; sin embargo, actualmente se reconoce que participa en aproximadamente el 40 % de los casos.
El estudio del hombre resulta indispensable, ya que muchas alteraciones pueden diagnosticarse mediante procedimientos relativamente sencillos.
5.1 Alteraciones espermáticas
Las alteraciones del semen constituyen la causa más frecuente de infertilidad masculina.
Entre ellas destacan:
- Oligozoospermia: disminución del número de espermatozoides.
- Azoospermia: ausencia total de espermatozoides en el eyaculado.
- Astenozoospermia: disminución de la movilidad espermática.
- Teratozoospermia: alteraciones en la forma de los espermatozoides.
Estas alteraciones reducen significativamente la capacidad fecundante.
5.2 Varicocele
El varicocele consiste en la dilatación de las venas del plexo pampiniforme del cordón espermático.
Su presencia incrementa la temperatura testicular y favorece el estrés oxidativo, alterando la producción de espermatozoides y disminuyendo su calidad.
Es la causa corregible más frecuente de infertilidad masculina.
5.3 Alteraciones hormonales
La producción de espermatozoides depende de un adecuado funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-testículo.
Enfermedades como el hipogonadismo hipogonadotrópico, alteraciones tiroideas, hiperprolactinemia o tumores hipofisarios pueden disminuir la producción de testosterona y afectar la espermatogénesis.
5.4 Factores genéticos
Las alteraciones cromosómicas representan una causa importante de infertilidad masculina severa.
Entre las más frecuentes se encuentran:
- Síndrome de Klinefelter.
- Microdeleciones del cromosoma Y.
- Fibrosis quística con ausencia congénita de conductos deferentes.
Actualmente, el estudio genético forma parte del protocolo diagnóstico en determinados pacientes.
5.5 Factores ambientales
Diversos agentes ambientales afectan la fertilidad masculina.
Entre ellos destacan:
- Tabaquismo.
- Alcohol.
- Consumo de drogas.
- Exposición ocupacional a pesticidas.
- Metales pesados.
- Radiaciones ionizantes.
- Solventes industriales.
- Contaminación atmosférica.
El aumento de la temperatura escrotal por obesidad, uso prolongado de computadoras portátiles sobre las piernas o exposición frecuente a saunas también puede disminuir la producción espermática.
6. Factores de riesgo asociados con la infertilidad
La infertilidad no depende únicamente de enfermedades específicas. Existen diversos factores de riesgo que incrementan la probabilidad de desarrollar alteraciones reproductivas.
Entre los factores no modificables destacan la edad, la predisposición genética y ciertas enfermedades congénitas.
Los factores modificables incluyen:
- Obesidad.
- Desnutrición.
- Sedentarismo.
- Estrés crónico.
- Consumo de tabaco.
- Alcoholismo.
- Uso de drogas ilícitas.
- Exposición a sustancias tóxicas.
- Enfermedades de transmisión sexual.
- Diabetes mellitus mal controlada.
- Hipertensión arterial.
- Trastornos tiroideos.
La obesidad merece especial atención debido a que altera la producción hormonal tanto en hombres como en mujeres. En las mujeres favorece la anovulación y el síndrome de ovario poliquístico; en los hombres disminuye los niveles de testosterona y altera la calidad seminal.
Por otra parte, el tabaquismo acelera el envejecimiento ovárico, reduce la reserva folicular y aumenta el daño oxidativo del ADN espermático. Asimismo, el consumo excesivo de alcohol afecta la producción hormonal y disminuye la fertilidad en ambos sexos.
7. Diagnóstico de la infertilidad
El estudio diagnóstico debe realizarse de manera simultánea en ambos integrantes de la pareja, ya que aproximadamente la mitad de los casos presenta algún componente masculino.
La evaluación comienza con una historia clínica detallada, que incluye antecedentes médicos, quirúrgicos, ginecoobstétricos, hábitos de vida, frecuencia de las relaciones sexuales, uso previo de anticonceptivos y antecedentes familiares.
Evaluación de la mujer
El examen físico busca identificar alteraciones endocrinas, ginecológicas o metabólicas.
Entre los estudios complementarios destacan:
- Perfil hormonal (FSH, LH, estradiol, progesterona, prolactina, hormona antimülleriana y hormonas tiroideas).
- Ultrasonido transvaginal para valorar ovarios y útero.
- Histerosalpingografía para evaluar la permeabilidad tubaria.
- Histeroscopia cuando existe sospecha de alteraciones intracavitarias.
- Laparoscopia en casos seleccionados, especialmente cuando se sospecha endometriosis o adherencias pélvicas.
La determinación de la hormona antimülleriana ha adquirido gran importancia porque permite estimar la reserva ovárica y orientar el pronóstico reproductivo.
Evaluación del hombre
El estudio inicial incluye exploración física y espermatobioscopía, considerada la prueba básica para valorar la fertilidad masculina.
Este análisis evalúa:
- Volumen del semen.
- Concentración espermática.
- Movilidad.
- Morfología.
- Vitalidad.
- pH.
Cuando existen alteraciones importantes pueden solicitarse estudios hormonales, ultrasonido testicular, pruebas genéticas y estudios de fragmentación del ADN espermático.
Diagnóstico integral
Una vez obtenidos todos los estudios, el equipo médico integra la información para establecer el diagnóstico definitivo y seleccionar el tratamiento más adecuado. En algunos casos será suficiente corregir factores modificables; en otros, será necesario recurrir a técnicas de reproducción asistida de alta complejidad.
El diagnóstico temprano resulta fundamental, especialmente en mujeres mayores de 35 años, ya que la disminución progresiva de la reserva ovárica reduce las probabilidades de éxito conforme avanza la edad.
Para concluir…
La infertilidad constituye actualmente un problema de salud pública de alcance mundial. Se estima que aproximadamente una de cada seis personas experimentará dificultades para lograr un embarazo durante su vida reproductiva, lo que refleja la elevada frecuencia de esta condición.
En las últimas décadas, la prevalencia de la infertilidad ha mostrado una tendencia al aumento. Este fenómeno se relaciona con múltiples factores, entre ellos el retraso de la maternidad y la paternidad, los cambios en los estilos de vida, el incremento de enfermedades metabólicas y la exposición a contaminantes ambientales. El envejecimiento reproductivo femenino desempeña un papel particularmente importante, ya que la cantidad y calidad de los ovocitos disminuyen progresivamente con la edad.
La distribución de las causas de infertilidad es relativamente homogénea. Aproximadamente un tercio de los casos se atribuye a factores femeninos, otro tercio a factores masculinos y el resto corresponde a causas combinadas o inexplicadas. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de evaluar simultáneamente a ambos integrantes de la pareja cuando se inicia un estudio de fertilidad.
En países de ingresos bajos y medios, la infertilidad suele asociarse con infecciones del aparato reproductor, enfermedades de transmisión sexual, complicaciones obstétricas y acceso limitado a servicios especializados. En contraste, en países de ingresos altos predominan factores relacionados con la edad reproductiva avanzada, la obesidad, los hábitos de vida y determinadas enfermedades crónicas.
Desde la perspectiva económica, la infertilidad representa un desafío considerable para los sistemas de salud. Los tratamientos especializados, particularmente las técnicas de reproducción asistida, implican costos elevados y, en muchos casos, no están cubiertos por los sistemas públicos de salud. Esta situación genera importantes desigualdades en el acceso a la atención y limita las posibilidades reproductivas de numerosos pacientes.
Por: Dora García Fernández
*Artículo escrito con la ayuda de ChatGPT y la supervisión de la autora.
Biografía:
- American Society for Reproductive Medicine. (2023). Definitions of infertility and recurrent pregnancy loss.
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Infertilidad.
- Practice Committee of the American Society for Reproductive Medicine. (2021). Evaluation and treatment of infertility. Fertility and Sterility.
- European Society of Human Reproduction and Embryology. (2022). Guideline on the management of infertility.
- Zegers-Hochschild, F., et al. (2017). The International Glossary on Infertility and Fertility Care. Human Reproduction, 32(9), 1786–1801.
- Mascarenhas, M. N., Flaxman, S. R., Boerma, T., Vanderpoel, S., & Stevens, G. A. (2012). National, regional, and global trends in infertility prevalence since 1990. PLoS Medicine, 9(12).




