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Etiqueta: fuerza

Sensibilidad Rasgada: Un llamado a abrazarnos por dentro
Sensibilidad Rasgada: Un llamado a abrazarnos por dentro

Por: Andrea Rodríguez A
@morrasmag

Mi abuela me enseñó que no importa si estás sufriendo, siempre hay que darle buena cara al marido y ser fuerte por los hijos. Mi mamá me enseñó que no importan las mariposas que tenga en el estómago, él me tiene que hablar primero. En la escuela me enseñaron, que una niña no debe enojarse, mucho menos reclamar. En mis clases de ballet me enseñaron que no debo llorar. Y lo único que pasó fue que lloré más. Y me sentí débil por ello.

Las mujeres estamos en la batalla más importante de nuestras vidas. Y no me refiero únicamente a la lucha para que seamos escuchadas, tomadas en cuenta, y protegidas por la ley. Me refiero a que estamos en una lucha interna y permanente por descubrir nuestra propia identidad. Porque no nos hemos conformado con lo que nos han dicho que significa ser una niña.

Estamos en una lucha ambigua, rompiendo paradigmas y gritando, incluso con nuestro silencio. Estamos descubriendo nuevas formas y estilos de ser, encontrando nuestro papel en la sociedad y actualizando nuestro papel en la familia. Estamos construyendo una nueva sociedad. Quizá vamos demasiado rápido, o quizá nos tardamos mucho en empezar, pero ya estamos aquí, entonces sigamos construyendo puentes de diálogo y haciéndole caso a ese instinto que tú y yo conocemos muy bien, aunque no podemos poner en palabras.

Pero antes de seguir con nuestra lucha, te quiero confesar, hermana, que tengo mucho miedo. Miedo de que tú, como algún día yo, tengas miedo a sentir. Que el enojo nos ciegue tanto, que olvidemos voltear a nosotras mismas para transformar todo desde ahí antes de transformarlo en nuestra sociedad, cayendo en el eco de nuestros propios gritos, y no en el significado de nuestras palabras. Miedo de que sigamos confundiendo valentía, con no poder llorar. Miedo a que confundamos libertad, con no amar. Miedo a que confundamos independencia con no entregarnos a los demás. Miedo a que endurezcamos nuestro corazón, tan lastimado por tanto tiempo. Porque si hacemos eso, ya todo está perdido: seguiremos buscando fuera, lo que necesitamos encontrar primero adentro.

Por mucho tiempo tuve miedo de mi propia sensibilidad. Me hacía sentir débil, e incluso usada por los demás. A los 20 años me diagnosticaron depresión clínica, ansiedad y trastornos de alimentación, y aunque creí que todo estaba perdido, ocurrió algo mágico: me permití sentir. Me permití llorar, abrazarme y dejarme abrazar. Me permití amar, pero sobre todo amarme a mí misma. Me permití sentirme vulnerable y eso me hizo encontrarme realmente con los demás, sin máscaras. Me permití sentirme enojada, y darme mi lugar, pero no frente a los demás, sino conmigo misma. Aprendí a decepcionarme, para después escoger un camino diferente. Aprendí a conocerme realmente. Pero lo más importante, descubrí una belleza en la sensibilidad que nos hace únicas a ti y a mí. Desde ahí se fue el miedo, y cada paso, fue un paso en seco hacia una reconciliación conmigo misma, porque entendí que esa reconciliación que tanto necesito con el mundo, la necesitaba encontrar primero dentro de mí.

Porque es verdad que una sociedad con mujeres que sufren abuso sexual, violencia, acoso, maltrato, opresión y situaciones que dañan nuestra integridad, sobre todo emocional, necesita crear conciencia sobre la importancia de la salud mental, y el bienestar psicológico, y si los demás no lo hacen, tenemos que empezar nosotras. Porque no quiero seguir permitiendo que exista un país donde la primera causa de discapacidad en las mujeres sea la depresión. Porque me hace sentir impotente que el suicidio siga siendo una opción, y más aún que de las personas que intentan suicidarse en el mundo, dos terceras partes, somos nosotras las mujeres. Porque quiero que iniciemos esta revolución con una mirada profunda hacia nosotras mismas, abracemos nuestros sentimientos sin obstáculos y creemos belleza como lo hacemos con todo lo que tocamos. No podemos seguir avanzando, primero tenemos que estar enteras.

Y todo esto empieza por abrazar nuestra sensibilidad, tan rasgada por nuestro sufrimiento, porque será la única forma de repararla. Empieza con llorar “como niñas” y sentirnos orgullosamente “hormonales”; ser tiernas, sensuales, pero firmes; enojarnos, y escoger nuestras batallas; pero sobre todo amar sin miedo. Ser principalmente honestas con nosotras mismas, y no tener miedo de pedir ayuda. Es momento de hacer una pausa y preguntarnos primero ¿cómo estoy? Porque no solucionaremos el problema, si no abrazamos primero aquello que nos hace más únicas, aquello que el mundo de hoy más necesita. Y entonces sí podremos luchar porque nuestra voz sea más escuchada y nuestras vidas protegidas.

Y una vez que hagamos esto, cada una y entre todas, ahora si podré estar realmente lista para ser fuerte como mi abuela, paciente como mi mamá, generosa con los demás y nunca rendirme, pero sobre todo no castigarme por no cumplir estereotipos, y entonces sí, ser mujer.